Yemen entrelaza luchas por el poder, separatismo y violencia yihadista con intervención regional
Yemen entrelaza luchas por el poder, separatismo y violencia yihadista con intervención regional

Yemen reúne varios conflictos superpuestos: una lucha por el poder entre los hutíes y el Gobierno reconocido internacionalmente, rivalidades entre las fuerzas contrarias a los hutíes, aspiraciones separatistas en el sur y actividad de organizaciones yihadistas. Sobre esta fragmentación intervienen Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Irán, mientras Estados Unidos participa mediante operaciones militares, apoyo a sus aliados y protección de las rutas marítimas. La escalada regional y la inseguridad en el Mar Rojo afectan a la estabilidad de la península arábiga y a los intereses estratégicos de Europa y Asia.
El origen inmediato de la guerra se encuentra en el fracaso de la transición política abierta en 2011. La salida del presidente Alí Abdalá Saleh no resolvió las disputas por el poder, las desigualdades territoriales ni la debilidad institucional. Los hutíes, conocidos como Ansar Alá, son un movimiento político y armado surgido en el norte del país, de tradición religiosa zaidí. Aprovecharon aquella crisis y, aliados entonces con fuerzas vinculadas a Saleh, ocuparon Saná en septiembre de 2014 y desplazaron progresivamente al Gobierno.
En marzo de 2015, una coalición encabezada por Arabia Saudí, con participación de Emiratos Árabes Unidos, intervino para restablecer al Gobierno reconocido internacionalmente. Riad pretendía impedir la consolidación de una fuerza hostil junto a su frontera y limitar la influencia iraní.
La intervención regional, impulsada por intereses y rivalidades propias de sus protagonistas, amplió el alcance de la guerra sin lograr la reunificación del país ni neutralizar la capacidad militar de los hutíes.
Para comprender el conflicto es necesario distinguir a sus principales actores. El siguiente cuadro recoge fuerzas políticas y militares cuya relación combina alianzas, rivalidades y cambios de encuadramiento.
| Actor yemení | Papel e intereses |
|---|---|
| Hutíes (Ansar Alá) | Fuerza militar dominante en el país. Controlan la capital Saná y buena parte del noroeste (entre el 60% y el 65% de los yemeníes). Buscan consolidar su poder, ampliar su influencia y obtener concesiones políticas y económicas. Disponen de misiles y drones y reciben apoyo iraní. |
| Gobierno reconocido internacionalmente y Consejo de Liderazgo Presidencial | Constituyen el marco institucional contrario a los hutíes, respaldado por Arabia Saudí. Es la autoridad yemení reconocida internacionalmente con sede en la ciudad portuaria de Adén. Se encuentra paralizado por las divisiones internas. |
| Resistencia Nacional vinculada a Tareq Saleh | Fuerza relevante de la costa occidental, apoyada históricamente por Emiratos. Combate a los hutíes y conserva una identidad militar y política propia. |
| Brigadas de los Gigantes (Al Amaliqa) | Formación militar formada por estudiantes salafistas sunitas ultraconservadores del sur. Han desempeñado un papel importante contra los hutíes. |
| Movimiento separatista del sur/ Redes Consejo de Transición del Sur | Defienden distintas fórmulas de autonomía o independencia. La reivindicación sureña y sus redes no han desaparecido. |
| Fuerzas vinculadas a Islah, unidades locales y agrupaciones tribales | Tienen influencia política o militar en determinados territorios. Sus prioridades son defensa local, control de recursos y su posición en el futuro reparto del poder. No constituyen un mando único. |
| Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) | Organización terrorista con agenda propia. Aprovecha la debilidad estatal y desarrolla una insurgencia, especialmente contra fuerzas gubernamentales y unidades de seguridad locales. |
La reorganización de fuerzas durante 2026 obliga a distinguir entre la continuidad de determinadas unidades, su adscripción formal al Gobierno y sus lealtades políticas. La pertenencia a una estructura común no garantiza una cadena de mando plenamente unificada.
Las divisiones dentro del campo contrario a los hutíes son una parte central de la guerra. La cooperación militar no ha eliminado las diferencias sobre la unidad de Yemen, el reparto de los ingresos y el control de puertos, provincias y fuerzas de seguridad. La crisis entre el Gobierno y el separatismo sureño, agravada entre finales de 2025 y enero de 2026, mostró que también podían producirse enfrentamientos entre actores respaldados por socios regionales diferentes.

Arabia Saudí busca seguridad fronteriza y un orden yemení que no amenace al reino. Emiratos ha construido relaciones con fuerzas del sur y de la costa occidental, dentro de su interés por la seguridad marítima y la influencia regional. Irán ha contribuido al fortalecimiento militar hutí.
Estos apoyos exteriores condicionan el conflicto, pero los actores yemeníes conservan intereses propios: la relación con un patrocinador no acredita que este dirija cada decisión u operación.
La tregua de 2022 redujo la violencia sin resolver la disputa política. El acuerdo auspiciado por Naciones Unidas entró en vigor el 2 de abril, facilitó combustible y vuelos comerciales y disminuyó los ataques. Aunque expiró formalmente el 2 de octubre de 2022, quedaron pendientes el reparto del poder, los ingresos públicos, las garantías de seguridad y el futuro territorial del país.
Desde finales de 2023, la guerra de Gaza añadió una dimensión marítima internacional. Los hutíes comenzaron a atacar buques, presentando su campaña como apoyo a los palestinos. Las operaciones alteraron la navegación y provocaron respuestas militares exteriores. La Unión Europea estableció en 2024 la operación defensiva Aspides para proteger la libertad de navegación.
La posición geográfica de Yemen permitió que los hutíes, uno de los principales actores de la guerra interna, adquirieran capacidad para amenazar la navegación por el Mar Rojo y elevar los costes del comercio internacional, especialmente en las rutas que atraviesan el estrecho de Bab el-Mandeb y el canal de Suez.
El 13 de julio de 2026, fuerzas del Gobierno yemení reconocido internacionalmente, respaldadas por la coalición liderada por Arabia Saudí, atacaron la pista del aeropuerto de Saná para impedir el aterrizaje de un avión iraní que transportaba una delegación hutí procedente de Teherán. La aeronave fue desviada a Hodeida.
Los hutíes responsabilizaron a Arabia Saudí del ataque y respondieron lanzando misiles y drones contra el aeropuerto saudí de Abha. El episodio supuso una ruptura de la contención militar transfronteriza mantenida desde 2022 y puso de manifiesto que la disputa por el control del espacio aéreo y las conexiones internacionales de Yemen también forma parte del conflicto.
Posteriormente aumentaron los combates entre los hutíes y fuerzas yemeníes contrarias a ellos, las operaciones aéreas saudíes y los ataques contra infraestructuras del reino. En octubre fueron alcanzados el aeropuerto de Riad y la sede de Aramco en Dhahran. Egipto anunció el 18 de octubre su disposición a apoyar la defensa saudí. La escalada comprende, por tanto, operaciones terrestres dentro de Yemen, ataques transfronterizos y presión marítima, con grados diferentes de participación exterior.
Saná concentra el poder hutí y Saada constituye su núcleo histórico. Hodeida es esencial para el abastecimiento de las zonas bajo su control. Taiz ocupa una posición decisiva entre el norte y el sur; Marib reúne recursos energéticos; Adén es una referencia del Gobierno reconocido internacionalmente; y Hadramaut tiene importancia por su extensión, recursos y conexiones orientales. La costa de Mokha y las posiciones próximas a Bab el-Mandeb permiten influir sobre la navegación. El control de algunos de estos espacios es disputado y cambiante.
En Arabia Saudí, la exposición comprende las zonas fronterizas y las infraestructuras energéticas, aeroportuarias y comerciales. Jizán (también denominada Jazan) resulta especialmente sensible por su proximidad a Yemen y su complejo industrial. Yanbu es fundamental para exportar petróleo por el mar Rojo. La dispersión de instalaciones obliga a proteger numerosos puntos frente a ataques que pueden imponer costes elevados incluso cuando no consiguen destruir sus objetivos.

El primero conecta el mar Rojo con el golfo de Adén; Suez comunica su extremo septentrional con el Mediterráneo; Ormuz constituye la salida del Golfo Pérsico. Desde Yanbu, un cargamento destinado a Europa puede navegar hacia Suez sin atravesar Bab el-Mandeb. Para dirigirse a Asia, normalmente necesita salir por el sur. Por ello, el impacto depende tanto del destino de los cargamentos como de la extensión geográfica de los ataques.
La población yemení soporta las consecuencias más inmediatas. Los combates destruyen servicios, dificultan el abastecimiento y provocan desplazamientos. Las agencias humanitarias han advertido de hospitales desbordados y de interrupciones de ayuda que afectan a unas 800.000 personas. La prolongación de la guerra también puede favorecer el reclutamiento armado, las economías ilícitas y la consolidación de poderes locales que compliquen una futura reconstrucción institucional.
El oleoducto Este-Oeste permite trasladar petróleo hacia el mar Rojo y reducir la dependencia de Ormuz. El FMI señalaba en julio que los mayores precios habían compensado las pérdidas de volumen exportado y destacaba los recursos financieros saudíes. Esa capacidad de resistencia debe tenerse en cuenta al evaluar cualquier escenario de deterioro.
Si persistieran los ataques, podrían aumentar los gastos militares, los seguros y los costes de financiación. Una inseguridad prolongada afectaría a la disposición de las empresas a invertir en turismo, logística, industria y tecnología. Las suspensiones de proyectos, los retrasos de cobro y las tensiones de liquidez serían posibles consecuencias de esa secuencia. Su transformación en una crisis financiera exigiría pérdidas e impagos persistentes que superasen la capacidad de respuesta disponible.
Europa y España quedarían expuestas mediante los combustibles, el transporte y sus relaciones empresariales. Las alteraciones de rutas podrían retrasar suministros y elevar costes. La Agencia Internacional de la Energía advierte de que el mercado del diésel seguirá tensionado durante 2027 y dependerá de la recuperación del suministro de Oriente Medio. Las empresas presentes en la región podrían afrontar sobrecostes, interrupciones de trabajos y dificultades contractuales.
La evolución dependerá también de la relación entre los propios contendientes yemeníes. Un entendimiento entre Riad y los hutíes podría reducir los ataques transfronterizos sin resolver las disputas internas. Del mismo modo, una cooperación renovada entre fuerzas contrarias a los hutíes podría contener avances militares sin cerrar la cuestión del sur. Una salida duradera necesitaría abordar la representación política, el reparto de recursos y las garantías de seguridad de los diferentes territorios.
El riesgo internacional más grave aparecería si coincidieran combates prolongados, ataques persistentes a infraestructuras, inseguridad marítima y pérdida de confianza económica. Yemen debe entenderse como una guerra fragmentada cuya conexión con rivalidades regionales permite que sus efectos alcancen mucho más allá de sus fronteras.
Esa combinación es la que podría comprometer simultáneamente la recuperación yemení, la seguridad saudí y la continuidad de intercambios esenciales para Europa y Asia.
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