Inteligencia Geopolítica

Yemen: la guerra regresa al centro de la geopolítica energética

Guerra, rivalidades, petróleo y amenazas sobre Bab el-Mandeb convierten su conflicto interno en un riesgo creciente para el comercio y la seguridad internacional

Yemen ha entrado en una nueva fase de su prolongado conflicto. La ofensiva lanzada por las fuerzas del Gobierno internacionalmente reconocido, apoyadas por Arabia Saudí, ha permitido recuperar posiciones estratégicas en torno al estrecho de Bab el-Mandeb, después de los importantes avances hutíes registrados durante septiembre. La operación cuenta con un amplio apoyo aéreo saudí y pretende alejar a los hutíes de una de las principales rutas marítimas del mundo.

Sin embargo, la importancia de esta nueva fase supera ampliamente las fronteras de Yemen. El conflicto se desarrolla simultáneamente sobre el territorio yemení, las infraestructuras energéticas de Arabia Saudí y las rutas marítimas del mar Rojo.

La principal amenaza no es necesariamente el cierre completo de Bab el-Mandeb, sino la posibilidad de convertir su tránsito permanentemente inseguro, aumentando seguros, costes del transporte y desvíos por el cabo de Buena Esperanza. En el segundo trimestre de 2026 llegaron a circular por Bab el-Mandeb unos 8,1 millones de barriles diarios de petróleo y productos petrolíferos, lo que demuestra su importancia en el actual contexto de dificultades en el estrecho de Ormuz.

Yemen ha dejado nuevamente de ser una guerra periférica. Se está convirtiendo en una pieza del enfrentamiento por el control de los corredores energéticos entre el Golfo, el océano Índico, el mar Rojo y Europa.

El regreso de la guerra

Durante varios años, las principales líneas del frente permanecieron relativamente estabilizadas tras la tregua de 2022. Esa situación comenzó a romperse durante 2026 y sufrió una transformación decisiva en septiembre, cuando los hutíes realizaron importantes avances por la costa occidental.

El 10 de septiembre capturaron Mokha (Moca) y posteriormente la isla de Perim/Mayun, situada en pleno Bab el-Mandeb. Aquellos movimientos aumentaron considerablemente su capacidad para amenazar la navegación por el estrecho.

Arabia Saudí difícilmente podía aceptar la consolidación de esa situación. A comienzos de octubre comenzó una contraofensiva de las fuerzas gubernamentales yemeníes, respaldada por una importante campaña aérea saudí. Las fuerzas progubernamentales han recuperado Dhubab, Mayun y Mokha, según las autoridades yemeníes, aunque los hutíes cuestionan parte de las informaciones sobre sus retrocesos.

La coalición saudí afirma haber movilizado alrededor de 100 aviones de combate y haber atacado centenares de objetivos. El 6 de octubre anunció también la destrucción de depósitos de misiles y plataformas de lanzamiento en Saná y Sadah, además de instalaciones relacionadas con armas, minas marítimas y embarcaciones explosivas en Hodeida.

El objetivo inmediato parece claro: impedir que los hutíes consoliden su dominio sobre Bab el-Mandeb. Un avance posterior hacia Saná supondría, sin embargo, una guerra mucho más difícil y prolongada. Recuperar el corredor costero es militarmente muy diferente de intentar derrotar a los hutíes en sus principales territorios del norte.

Bab el-Mandeb: la verdadera batalla estratégica

Bab el-Mandeb (la “Puerta de las Lágrimas”) conecta el golfo de Adén y el océano Índico con el mar Rojo y, posteriormente, con el canal de Suez y el Mediterráneo.

Su importancia se ha multiplicado por la crisis regional de 2026. Según la Administración de Información Energética estadounidense (EIA), los flujos petroleros por Bab el-Mandeb pasaron de 5,6 millones de barriles diarios en el primer trimestre de 2026 a 8,1 millones en el segundo.

Esto significa que la presión sobre Ormuz aumenta la importancia estratégica de la salida alternativa saudí hacia el mar Rojo. Pero precisamente ese corredor se encuentra ahora amenazado desde Yemen.

La combinación de Ormuz con Bab el-Mandeb constituye, por tanto, uno de los principales riesgos energéticos internacionales. De ahí resulta especialmente interesante el concepto de “ormuzización del mar Rojo”: no sería necesario cerrar físicamente Bab el-Mandeb. Bastaría con conseguir que el riesgo de atravesarlo fuese suficientemente elevado para condicionar las decisiones de navieras, petroleras y aseguradoras.

La estrategia hutí

Los hutíes han demostrado durante años una notable capacidad de adaptación. Su fuerza no procede únicamente del control territorial, sino de combinar diferentes instrumentos: misiles balísticos y de crucero, drones, minas marítimas, embarcaciones explosivas y ataques selectivos contra infraestructuras energéticas y navegación comercial. Esta capacidad les permite compensar parcialmente la superioridad aérea saudí.

En una estrategia orientada a aumentar el coste económico de la guerra para Riad, los hutíes han ampliado el espacio del conflicto atacando territorio saudí. En las últimas semanas se han atribuido ataques contra instalaciones petroleras, aeropuertos y objetivos militares. Arabia Saudí informó el 6 de octubre de ataques contra los aeropuertos de Najran y Jizan.

Existe aquí una asimetría importante: Arabia Saudí necesita proteger simultáneamente su territorio, sus instalaciones petroleras, sus puertos y las rutas marítimas;, mientras que los hutíes solo necesitan demostrar periódicamente que pueden amenazarlos.

Arabia Saudí vuelve al centro del conflicto

Para Riad, la situación supone un importante cambio estratégico. Durante los últimos años había intentado reducir su implicación directa en Yemen y estabilizar su frontera meridional. Los avances hutíes hacia Bab el-Mandeb han obligado a reconsiderar esa política. La cuestión afecta directamente a la seguridad energética saudí. La infraestructura que permite transportar petróleo desde el este del país hasta Yanbu, en el mar Rojo, constituye una alternativa estratégica a Ormuz.

Pero si simultáneamente existe inseguridad en Bab el-Mandeb, la capacidad saudí de utilizar plenamente esa alternativa queda comprometida. La EIA ya había constatado en agosto una fuerte reducción de las exportaciones desde Yanbu relacionada con los ataques y la inseguridad marítima.

Por ello, la actual intervención saudí no debe interpretarse exclusivamente como apoyo al Gobierno yemení. Riad está defendiendo también su propia arquitectura de seguridad energética.

Irán y la dimensión regional

Los hutíes mantienen desde hace años una estrecha relación con Irán, aunque no deben interpretarse simplemente como una fuerza sometida automáticamente a las decisiones de Teherán.

Para Irán, sin embargo, la existencia de un aliado armado capaz de amenazar Bab el-Mandeb proporciona una extraordinaria ventaja estratégica. El resultado potencial sería una presión indirecta sobre los dos extremos del sistema energético de la península Arábiga.

Ormuz al este y Bab el-Mandeb al oeste

Esto aumenta también la importancia de otros actores. Estados Unidos está proporcionando inteligencia y apoyo de planificación a Arabia Saudí, aunque hasta ahora ha evitado participar directamente en la nueva ofensiva, debido a que la crisis puede además reforzar nuevas estructuras regionales de cooperación militar y aumentar la implicación de Turquía y Pakistán junto a Arabia Saudí.

Petróleo, comercio y seguros

El efecto económico puede producirse mucho antes de un hipotético cierre del estrecho. La experiencia de los ataques hutíes desde 2023 ya demostró que las navieras pueden optar por circunnavegar África para reducir riesgos. El desvío por el cabo de Buena Esperanza incrementa considerablemente distancias, consumo de combustible, costes logísticos y tiempos de navegación; en determinadas rutas puede añadir alrededor de dos semanas. A ello se añaden las primas de los seguros marítimos. Por tanto, habrá que distinguir entre: control militar del estrecho y seguridad efectiva de la navegación.

Las fuerzas gubernamentales pueden recuperar físicamente Bab el-Mandeb sin conseguir eliminar la capacidad hutí de lanzar misiles, drones o ataques marítimos desde posiciones más alejadas. Esta diferencia será fundamental para determinar la evolución económica de la crisis.

La población yemení: nuevamente atrapada

Detrás del enfrentamiento regional continúa existiendo una de las mayores crisis humanitarias del mundo. A comienzos de octubre, Naciones Unidas señalaba alrededor de 152.000 nuevos desplazados por la reciente intensificación de los combates y advertía que el conflicto estaba dificultando la asistencia a centenares de miles de personas. Miles de yemeníes habían cruzado además Bab el-Mandeb buscando refugio en Yibuti.

La expansión de las operaciones terrestres hacia Taíz o posteriormente hacia territorios densamente poblados incrementaría considerablemente este impacto. Existe, por tanto, una contradicción dramática: la batalla por garantizar la seguridad de una de las grandes arterias del comercio mundial se desarrolla en uno de los países más empobrecidos del planeta.

La nueva guerra de Yemen contiene una paradoja. Arabia Saudí puede recuperar territorio y controlar físicamente Bab el-Mandeb sin resolver el problema estratégico fundamental: la capacidad hutí para amenazar a distancia las infraestructuras energéticas y la navegación marítima.

Por ello, el verdadero indicador del resultado de esta ofensiva no será únicamente territorial. Será necesario observar si los petroleros y mercantes vuelven a navegar con normalidad, si disminuyen las primas de seguros y si Arabia Saudí recupera plenamente su capacidad para utilizar el corredor energético del mar Rojo.

Yemen se encuentra así en la intersección de tres conflictos: una guerra civil no resuelta, la rivalidad regional entre Arabia Saudí e Irán y la batalla internacional por mantener abiertos los grandes corredores energéticos.

La coincidencia de inestabilidad en Ormuz y Bab el-Mandeb convierte esta crisis en algo mucho mayor que una nueva fase de la guerra yemení. Por primera vez, los dos grandes accesos marítimos que rodean la península Arábiga forman parte simultáneamente de un mismo problema estratégico y ese es probablemente el elemento más preocupante de la crisis actual.

Epílogo

 

Parecía una ciudad inventada para un cuento de Las mil y una noches. Y llegamos a Marib, antigua capital de Saba, donde entre las piedras y el desierto todavía parece sobrevivir la leyenda de su reina; Kawkaban y Al-Hajjarah, suspendidas sobre las montañas; Mokha y el recuerdo del café; Ibb y Jiblah, verdes donde esperábamos encontrar desierto; Adén y Mukalla mirando al mar.

Y finalmente el Hadramaut, Tarim, Seiyun, Shibam… Ciudades de adobe naciendo de la tierra, minaretes, palmerales y caminos que parecían conducir hacia una Arabia mucho más antigua que nuestras fronteras y nuestros mapas.

Hoy escribimos sobre otro Yemen. Hablamos de hutíes, misiles, drones, petróleo, Arabia Saudí, Irán y Bab el-Mandeb. Hablamos de guerra.

Quizá por eso duele especialmente contemplar lo que ha ocurrido después.

Porque los países no son solamente territorios, gobiernos o fronteras. También son los recuerdos de quienes los habitaron y de quienes alguna vez tuvieron la fortuna de recorrerlos.

Yemen fue para nosotros un viaje.
Para millones de yemeníes sigue siendo su casa.

Pedro Fuentetaja

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