Inteligencia Geopolítica

Israel: elecciones legislativas 2026 (Parte 1)

Israel renovará su parlamento el 27 de Octubre marcado por la guerra de Gaza y enfrentamientos regionales

Israel celebrará el próximo 27 de octubre elecciones para renovar los 120 miembros de la Knéset. Serán las primeras desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y llegarán tras tres años marcados por la guerra en Gaza, los enfrentamientos regionales, las operaciones militares israelíes en el Líbano, Siria e Irán y una profunda transformación de la política interna del país.

La convocatoria es además excepcional: será la primera vez desde 1988 que Israel celebre unas elecciones en la fecha prevista tras completar una legislatura. Pero lo verdaderamente importante no está en el calendario. En las urnas se decidirá no solo la continuidad de Benjamin Netanyahu, sino también cómo afronta Israel las responsabilidades por el 7-O, el futuro de Gaza y Cisjordania, el servicio militar de los ultraortodoxos, la independencia judicial, la representación política de los ciudadanos árabes y el deterioro de su imagen internacional.

Netanyahu vuelve así a situarse en el centro de la campaña. El Likud conserva una base electoral sólida, pero el primer ministro llega a las urnas sometido a un desgaste considerable. Sobre su Gobierno pesa la responsabilidad política por el fallo estratégico y de inteligencia que precedió al 7 de Octubre, aunque su alcance continúa siendo objeto de disputa.

La campaña girará, en buena medida, en torno a dos relatos: el fracaso que permitió el 7-O y la fuerza militar demostrada después.

La paradoja es evidente: la guerra puede constituir al mismo tiempo una de las principales vulnerabilidades electorales de Netanyahu y uno de sus argumentos más poderosos para defender la continuidad de su liderazgo.

En este contexto, el incidente del vuelo FZ1073, presentado inicialmente por Netanyahu como un posible intento terrorista, ha recibido posteriormente respaldo institucional por parte de Emiratos Árabes Unidos. El 3 de octubre, la Fiscalía General emiratí informó de que la investigación había determinado que el copiloto intentó cometer un acto terrorista, atacando al comandante con un hacha de emergencia e intentando apoderarse de los controles del avión. La investigación continúa, sin embargo, para esclarecer plenamente la motivación del copiloto y determinar la posible existencia de conexiones externas. Por ello, con la información disponible todavía no puede afirmarse que actuara integrado en una organización terrorista ni por encargo de otro actor.

El episodio adquiere además una dimensión política particular en un escenario electoral en el que la seguridad vuelve a ocupar una posición central. La principal novedad del mapa político es la consolidación de Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, al frente de Yashar. Su trayectoria militar y de seguridad le permite competir con Netanyahu precisamente en un terreno que durante años ha constituido uno de los principales activos políticos del líder del Likud.

Junto a Eisenkot aparecen otros dirigentes relevantes del espacio contrario a Netanyahu, especialmente Naftali Bennett, Avigdor Lieberman y Yair Lapid. Sin embargo, las diferencias políticas, estratégicas y personales existentes entre ellos dificultan, por ahora, la articulación de un bloque alternativo cohesionado.La paradoja es evidente: la guerra puede ser al mismo tiempo la principal vulnerabilidad electoral de Netanyahu y uno de sus argumentos más poderosos para continuar gobernando.

Uno de los sondeos más recientes, realizado los días 23 y 24 de septiembre, dibuja una Knéset prácticamente partida: 53 diputados para el bloque favorable a Netanyahu, otros 53 para el bloque sionista contrario al primer ministro y 14 para las formaciones árabes. Otros estudios ofrecen distribuciones diferentes, lo que confirma que, a un mes de las elecciones, la fragmentación y la dificultad para alcanzar los 61 diputados son más claras que cualquier mayoría electoral.

ISRAEL

La proyección de escaños por partidos

Sondeo de Zman Yisrael realizado los días 23 y 24 de septiembre de 2026.

Selecciona partidos para comprobar cuántos escaños suman.

Escaños estimados

Fuente: gráfico aportado, atribuido a Zman Yisrael. Cifras reconstruidas a partir de la longitud de las barras.

Los partidos representados suman 112 escaños. Los 8 restantes no están desglosados. El original indica un margen de error de ±4,4 puntos, que no equivale a un intervalo de escaños.

Israel utiliza un sistema proporcional nacional con un umbral electoral del 3,25%. Esto convierte a los pequeños partidos en actores fundamentales y hace que los votos de las formaciones que no superen ese mínimo puedan alterar sustancialmente el reparto de escaños.

El problema afecta especialmente a la derecha del Likud, donde Bezalel Smotrich, Itamar Ben-Gvir y otras fuerzas nacionalistas compiten por electorados parcialmente coincidentes. Netanyahu necesita evitar que votos potencialmente favorables a su bloque queden sin representación. La oposición afronta el problema contrario: puede sumar más diputados y, sin embargo, ser incapaz de construir una mayoría política coherente.

La sociedad israelí hoy

Israel no llega a las elecciones de 2026 como la sociedad que era antes del 7 de octubre. Llega después de casi tres años de guerra, pérdidas, movilización prolongada y debate sobre las responsabilidades del Estado. La sociedad israelí ha mostrado una extraordinaria capacidad de resistencia y movilización, pero bajo esa resiliencia aparecen también fatiga, desconfianza institucional, polarización y una creciente sensación de fractura interna.

El gran interrogante ya no es únicamente cómo afronta Israel las amenazas exteriores, sino cómo reconstruye la confianza entre ciudadanos, instituciones y Estado después de que la seguridad, la solidaridad nacional y el propio contrato social hayan sido puestos a prueba simultáneamente.

Gaza y el deterioro exterior de Israel

Ninguna explicación de estas elecciones puede ignorar el enorme coste humano de la guerra. El ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 causó alrededor de 1.200 muertos y 251 secuestrados, según las autoridades israelíes, y continúa siendo el principal trauma colectivo de la sociedad israelí contemporánea.

La respuesta militar israelí ha provocado, a su vez, una devastación extraordinaria en Gaza y un fuerte deterioro de la situación en Cisjordania. A septiembre de 2026, las autoridades sanitarias gazatíes situaban en más de 73.000 los palestinos muertos, además de una destrucción masiva de viviendas e infraestructuras, desplazamientos repetidos y un profundo deterioro humanitario. En Cisjordania, aunque la intensidad del conflicto ha sido distinta, las operaciones militares, las demoliciones, los desplazamientos y las restricciones de movimiento han agravado también de forma considerable la situación humanitaria y territorial.

La guerra tampoco puede entenderse únicamente desde octubre de 2023. La frustración palestina venía acumulándose desde décadas atrás, vinculada a la ocupación, los asentamientos, el bloqueo de Gaza, el fracaso del proceso de Oslo y la propia división entre Fatah y Hamás. Resulta significativo que voces críticas surgidas de la propia Gaza hubieran advertido ya años antes de la incapacidad de la lucha armada para modificar la enorme asimetría con Israel y reclamaran, al mismo tiempo, democracia, Estado de derecho, educación y resistencia civil. Esta perspectiva recuerda que Gaza no es políticamente equivalente a Hamás y que detrás del conflicto existe también una sociedad palestina diversa, fragmentada y profundamente marcada por sucesivas generaciones de desplazamiento y guerra.

Además, la guerra ha generado otra consecuencia estratégica: el deterioro de la imagen internacional de Israel. La reciente Asamblea General de Naciones Unidas volvió a mostrar hasta qué punto Gaza, Cisjordania y el futuro del Estado palestino han ampliado la distancia entre Israel y una parte creciente de la comunidad internacional.

Gráfico 1. Simpatía estadounidense en el conflicto israelí-palestino (2001-2026)

El cambio es especialmente significativo en Estados Unidos. En 2024, el 51% de los estadounidenses simpatizaba más con los israelíes y el 27% con los palestinos. En 2025, la relación cayó a 46%-33%. En 2026, Gallup registró por primera vez un vuelco: 36% hacia los israelíes y 41% hacia los palestinos. Aunque la diferencia no es estadísticamente significativa, la tendencia sí lo es: entre 2001 y 2018, la ventaja media israelí había sido de 43 puntos.

ESTADOS UNIDOS

La evolución de las simpatías hacia israelíes y palestinos

Porcentaje de adultos estadounidenses que declara mayor simpatía por cada parte. Serie anual de Gallup, 2001–2026.

Israelíes Palestinos
80 % 60 % 40 % 20 % 0 % 2001 2006 2011 2016 2021 2026
2026
Israelíes 36 %
Palestinos 41 %

Diferencia: 5 puntos porcentuales a favor de los palestinos.

Desliza el selector, pasa el cursor o toca el gráfico para consultar cada año. El selector también admite las flechas del teclado.

Fuente: Gallup, febrero de 2026. Serie histórica: datos anuales 2001–2025.

No se muestran las respuestas «ambos», «ninguno» y «sin opinión». Según Gallup, la diferencia de 5 puntos de 2026 no es estadísticamente significativa.

Gráfico 2. Fractura generacional en Estados Unidos

El desgaste no se limita al Partido Demócrata. Pew Research Center encontró en marzo de 2026 que el 60% de los estadounidenses tenía una opinión desfavorable de Israel, frente al 37% favorable. Entre los republicanos de 18 a 49 años, esa proporción alcanzaba el 57%, y entre el conjunto de estadounidenses de 18 a 34 años, el 74%.

Esta evolución ayuda a explicar también las crecientes diferencias dentro del universo MAGA. Figuras como Tucker Carlson, Steve Bannon o Marjorie Taylor Greene han cuestionado abiertamente distintos aspectos del tradicional apoyo estadounidense a Israel. El cambio afecta, por tanto, también a sectores jóvenes de la derecha y del espacio America First.

ESTADOS UNIDOS

La opinión desfavorable sobre Israel en 2026

Porcentaje de personas de cada grupo que tiene una opinión muy o algo desfavorable sobre Israel.

Pasa el cursor o pulsa una barra para consultar el grupo al que corresponde.

Personas con opinión desfavorable (%)

GRUPO SELECCIONADO

Estadounidenses de 18 a 34 años

El 74 % de los adultos estadounidenses de 18 a 34 años tiene una opinión desfavorable sobre Israel. El dato abarca todas las afiliaciones políticas de ese grupo de edad.

Los indicadores corresponden a universos distintos: población general de 18 a 34 años y republicanos e independientes afines al Partido Republicano de 18 a 49 años. No son dos categorías excluyentes ni forman un total.

Fuente: Pew Research Center, 2026. Desglose por edad, 4 de junio y desglose republicano, 7 de abril.

Gráfico 3. Percepción internacional de Israel en 2026

A escala internacional, la tendencia es todavía más acusada. En 36 países, Pew registró una mediana del 67% de opiniones desfavorables frente al 25% favorables. España y Suecia alcanzaban el 78%; Países Bajos, el 76%; Italia, el 75%; y Alemania, el 73%.

OPINIÓN PÚBLICA

La opinión desfavorable sobre Israel, por países

Porcentaje de adultos con una opinión muy o algo desfavorable sobre Israel en 2026. Selección de 13 países.

Pasa el cursor o pulsa una barra para consultar cada país.

Adultos con opinión desfavorable (%)

PAÍS SELECCIONADO

Turquía

97 %

Porcentaje de adultos con una opinión muy o algo desfavorable sobre Israel.

Se mantienen los 13 países del gráfico original. La encuesta completa abarca 36 países; esta selección no representa una clasificación completa.

Fuente: Pew Research Center, Spring 2026 Global Attitudes Survey. Publicación: 4 de junio de 2026. No se muestran las opiniones favorables ni las respuestas omitidas.

Los tres gráficos muestran una transformación de fondo. Israel conserva una extraordinaria superioridad militar y tecnológica y mantiene una alianza estratégica muy estrecha con Estados Unidos, pero su legitimidad internacional se ha deteriorado y su imagen social es hoy considerablemente más negativa en numerosos países occidentales.

El próximo Gobierno deberá afrontar, por tanto, no solo Gaza, Cisjordania, Irán o las fracturas internas, sino un desafío posiblemente más duradero: reconstruir la relación de Israel con unas sociedades occidentales, especialmente con sus generaciones más jóvenes, cada vez más críticas con sus políticas.

La relación con Estados Unidos seguirá siendo uno de los pilares fundamentales de la seguridad israelí. Pero la base social de esa relación está cambiando. La alianza institucional, militar y tecnológica continuará siendo esencial; la cuestión es hasta qué punto podrá conservar el mismo respaldo político y social si continúa debilitándose el consenso estadounidense que durante décadas la sostuvo.

La cuestión palestina

La cuestión palestina probablemente no determine por sí sola el voto de la mayoría de los israelíes. Liderazgo, coste de la vida, servicio militar, instituciones e identidad del Estado compiten también entre las principales preocupaciones. Sin embargo, el resultado electoral sí puede condicionar de forma decisiva las políticas futuras sobre Gaza y Cisjordania.

En Gaza, la competencia dentro del bloque nacionalista favorece posiciones duras sobre Hamás, la retirada militar y el futuro de la Franja. En septiembre reaparecieron entre partidos aliados de Netanyahu propuestas de "emigracion voluntaria" de palestinos, reflejo de hasta qué punto la política interior israelí limita también el margen diplomático.

Pero si Gaza concentra la atención internacional, Cisjordania puede convertirse en el principal problema estratégico del próximo Gobierno. Las operaciones desarrolladas desde comienzos de 2025 en Yenín, Tulkarem y Nur Shams han provocado el desplazamiento de alrededor de 40.000 palestinos, considerado por Naciones Unidas el mayor registrado en el territorio desde 1967. Demoliciones, destrucción de infraestructuras y restricciones al retorno han añadido una nueva dimensión territorial al conflicto.

A ello se suma la grave crisis financiera de la Autoridad Palestina, que afecta a servicios básicos y debilita su capacidad administrativa. Para Israel aparece así una contradicción estratégica: debilitar políticamente a la ANP puede terminar erosionando también el principal aparato institucional capaz de administrar Cisjordania.

En este contexto, la cuestión territorial adquiere especial relevancia con el proyecto E1, impulsado por Bezalel Smotrich entre Jerusalén y Maale Adumim. Sus defensores lo presentan como parte de la consolidación territorial israelí; palestinos, Naciones Unidas y numerosos gobiernos occidentales sostienen que podría fragmentar aún más Cisjordania y dificultar una futura solución de dos Estados.

La guerra ha tenido además una importante dimensión regional. Durante años, la respuesta de numerosos gobiernos árabes ante la cuestión palestina estuvo marcada por la fragmentación, la prudencia diplomática o la prioridad concedida a sus propios intereses nacionales. Sin embargo, esa situación ha comenzado a cambiar.

La Cumbre Árabe extraordinaria de El Cairo de marzo de 2025 mostró una posición colectiva mucho más definida: rechazo al desplazamiento de la población palestina, defensa de la reconstrucción de Gaza sin expulsiones, respaldo a la solución de dos Estados y reivindicación de un Estado palestino soberano. Posteriormente, los países árabes han mantenido una coordinación diplomática más activa en Naciones Unidas y con actores europeos.

Este cambio acerca en cierta medida las posiciones oficiales de los gobiernos a una sensibilidad que ya estaba muy presente en sus sociedades. En numerosos países árabes, amplios sectores de la población han mantenido una fuerte solidaridad con los palestinos durante toda la guerra.

La cuestión palestina vuelve así a actuar no solo como causa popular, sino también como elemento de articulación política y diplomática del mundo árabe.

La participación árabe en el centro de las elecciones

Los días 23 y 24 de septiembre, el Comité Electoral Central adoptó una serie de decisiones que han situado la participación política de la población árabe en el centro de las elecciones. El Comité excluyó provisionalmente a las dos principales candidaturas árabes: Ra’am, liderada por Mansur Abbas, y la Lista Conjunta, integrada por Hadash, Ta’al y Balad. También acordó la exclusión individual de Ofer Cassif y Sami Abu Shehadeh.

Las decisiones se apoyan en el artículo 7A de la Ley Básica de la Knéset, que permite impedir la participación de candidaturas o candidatos que nieguen la existencia de Israel como Estado judío y democrático, inciten al racismo o apoyen la lucha armada contra el Estado por parte de un Estado enemigo o una organización terrorista.

Las exclusiones, sin embargo, no son definitivas. Ra’am y la Lista Conjunta han anunciado que recurrirán ante el Tribunal Supremo, que en anteriores elecciones ha revocado decisiones semejantes del Comité Electoral. La Fiscalía General consideró, además, que las pruebas presentadas no alcanzaban el elevado umbral jurídico necesario para excluir a las dos listas completas. Distinto es el caso de Sami Abu Shehadeh, cuya exclusión recibió también el respaldo de la fiscal general y de partidos de la oposición.

El contraste político es significativo: al día siguiente, el Comité permitió concurrir a Poder Judío, de Itamar Ben-Gvir; a la alianza Sionismo Religioso-Zehut y a Los Demócratas, tras rechazar las peticiones que solicitaban también su exclusión.

La importancia del episodio supera ampliamente la controversia jurídica. Los ciudadanos árabes representan aproximadamente una quinta parte de la población israelí, y sus partidos pueden convertirse en un elemento determinante en un Parlamento sin mayorías claras. Ra’am ya demostró en 2021 que esta posibilidad no es teórica al incorporarse a la coalición que permitió formar el Gobierno encabezado inicialmente por Naftali Bennett y posteriormente por Yair Lapid.

Los sondeos recientes sitúan conjuntamente a las candidaturas árabes en torno a una docena de escaños —una encuesta de Channel 12 les atribuía 12, siete a la Lista Conjunta y cinco a Ra’am—, una representación potencialmente decisiva para las diferentes combinaciones necesarias para alcanzar los 61 diputados que otorgan la mayoría en la Knéset. Esto no significa que esos diputados vayan automáticamente a integrarse o respaldar a un determinado bloque, pero sí que su presencia o ausencia puede modificar profundamente la aritmética parlamentaria.

La decisión final del Tribunal Supremo tendrá, por tanto, una doble dimensión: determinará las condiciones de representación política de una parte sustancial de la ciudadanía israelí y, al mismo tiempo, puede alterar las posibilidades de formar el próximo Gobierno.

La cuestión haredí y el contrato social

Otra de las grandes cuestiones electorales afecta a la población ultraortodoxa o haredí. Durante décadas, decenas de miles de estudiantes de yeshivás estuvieron exentos del servicio militar, una situación cada vez más difícil de sostener después de tres años de guerra y grandes movilizaciones de reservistas.

Mientras los partidos ultraortodoxos han presionado para blindar determinadas exenciones, ha crecido la demanda de igualdad en el reparto de las obligaciones militares. En septiembre, el Tribunal Supremo anuló una norma destinada a impedir la detención de evasores haredíes por considerar que vulneraba el principio de igualdad.

Democracia, instituciones y Tribunal Supremo

El debate sobre la reforma judicial que movilizó masivamente a la sociedad israelí antes del 7 de octubre no ha desaparecido. La guerra lo relegó temporalmente, pero siguen abiertas las controversias sobre las competencias del Tribunal Supremo, la Fiscalía General y el equilibrio entre Ejecutivo, Parlamento y poder judicial.

La campaña electoral ha devuelto estas cuestiones al primer plano. El Supremo debe pronunciarse sobre la participación de determinadas candidaturas árabes y también ha intervenido en asuntos relacionados con el reclutamiento haredí.

La antigua disputa sobre la independencia judicial se ha fusionado así con las fracturas políticas y sociales surgidas de la guerra. El debate ya no es únicamente jurídico: afecta al equilibrio de poderes y a los límites institucionales que debe tener una mayoría parlamentaria.

ESCENARIOS

Antes de llegar a estos escenarios deberá resolverse la decisión del Tribunal Supremo sobre la participación de Ra’am y la Lista Conjunta. No obstante, a comienzos de octubre pueden contemplarse cuatro escenarios principales.

ISRAEL

Cuatro escenarios para la formación de gobierno

Posibles desenlaces de la negociación parlamentaria.

Pulsa un escenario para destacarlo.

Escenario Desarrollo

Likud mantiene su posición dominante y Netanyahu continúa gobernando con partidos ultraortodoxos y formaciones nacionalistas.

Netanyahu gana en número de diputados, pero carece de aliados suficientes. Israel entraría en una compleja negociación parlamentaria.

Un buen resultado de Yashar, unido al de otros partidos centristas y opositores, permitiría articular una coalición. Requeriría acuerdos amplios y entendimiento con partidos árabes.

Ninguno de los bloques alcanza los 61 diputados y las negociaciones fracasan. Israel podría regresar a un ciclo de inestabilidad como el vivido entre 2019 y 2022, con cinco elecciones en menos de cuatro años.

Para más información: elecciones legislativas 2026 (Parte 2), del Israel de Oslo al Israel del 7 de octubre

Epílogo

Después de más de tres años de guerra, Gaza se ha convertido en un símbolo extremo del sufrimiento civil: muertos, heridos, desplazados, familias enteras quebradas y una generación marcada por la destrucción.

Por eso, “Sólo le pido a Dios”,
cantada en español, hebreo y árabe (Alma Sufi Ensamble ft. León Gieco y Gastón Saied), adquiere aquí una fuerza especial. No habla de estrategia, de fronteras ni de victorias. Habla de algo más sencillo y difícil: no acostumbrarnos al dolor de los demás.

En Gaza, donde la guerra ha dejado una huella inmensa, esa petición suena casi como una obligación moral.

Tres lenguas. Tres memorias. Una misma humanidad.

Pedro Fuentetaja

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