El método ASCOPE/PMESII: cómo ganar una guerra y algunas notas sobre Inteligencia empresarial y política

Conocer el tapiz de la geografía física y humana y usarlo en favor propio

Desde 1945, las invasiones terrestres que han culminado de forma satisfactoria para el invasor son notoriamente escasas. Desde el establecimiento del orden mundial del 45, la guerra aérea, la disuasión nuclear y, más recientemente, la guerra híbrida han definido el arte de la guerra de nuestro tiempo. Sin embargo, estas estrategias rara vez son capaces de favorecer un dominio terrestre efectivo.

Durante los estertores de la Segunda Guerra Mundial, el presidente estadounidense Harry S. Truman —sobrevenido presidente tras el fallecimiento de Roosevelt—, del Partido Demócrata, tomó la decisión de arrojar dos bombas atómicas, Little Boy, el 6 de agosto de 1945, y tres días después, el 9 de agosto, la bomba Fatman, ambas desde bombarderos B-29. Al término de ese año, se contaban unas doscientas veinte mil vidas segadas como consecuencia de las detonaciones y la radiación. Truman convenció a su país —probablemente a sí mismo también— de que mantenía la conciencia tranquila, pues sus números apuntarían a un recrudecimiento y extensión de la guerra, con hasta medio millón de bajas del lado norteamericano, y un escenario de dominación del territorio incierto.

Este ejemplo histórico sentó un precedente que distintos ejércitos y milicias han venido ejecutando durante las últimas ocho décadas, en la mayoría de los casos con escaso éxito y, en otros, necesitando de la incursión terrestre como único instrumento real de dominación territorial. La guerra del Golfo (1990 – 1991) necesitó de la incursión terrestre para conseguir sus objetivos, pese a meses de una campaña aérea efectuada por una coalición internacional que arrojó cerca de 90.000 toneladas de explosivos sobre el país y dejó la conocida imagen de los F-15 y F-16 sobrevolando los pozos petrolíferos incendiados en Kuwait.

No obstante, el recurso terrestre, además de costoso en recursos y en vidas, no garantiza una dominación real del territorio, aunque este se haya tomado por la fuerza. Este ha sido el gran error de algunos países como Estados Unidos, cuya cultura militar, basada mayoritariamente en la potencia de fuego, ignora una serie de parámetros que marcan la diferencia entre el control real y el simulado.

Para evitar que uno o varios factores arruinen una campaña militar, una estrategia de dominación o cualquier iniciativa que ambicione un dominio efectivo de la situación, existen métodos de análisis del entorno y sus circunstancias, es decir, de los mecanismos de ejercicio del poder en un lugar determinado. Habitualmente las campañas no fracasan por falta de medios, sino por haber ignorado determinados condicionantes que rompen la capacidad de mando. En las campañas aéreas previamente mencionadas, a excepción de Hiroshima y Nagasaki, fracasó una previsión: el terror aéreo no es capaz de controlar lo que ocurre sobre el terreno, sino que suele suscitar el rechazo de la población y el apoyo de esta a su gobierno, sea este democrático o no (véase el efecto bandera).

Los mecanismos ASCOPE y PMESII

Si bien existen diversos mecanismos para ejecutar análisis de situación bajo circunstancias extraordinarias, el método ASCOPE atiende a factores relacionados con los espacios, las estructuras, las capacidades, las organizaciones, las personas y los acontecimientos. El área o el espacio es el elemento más básico de análisis: es el dónde, pero de ese “dónde” surgen cuestiones como sus límites, su composición, forma, características físicas, flujos y vías interiores, zonas sensibles, etc. Sin embargo, hay más elementos dentro de este método, como el análisis de las estructuras, es decir, qué organismos operan en dicho territorio, cómo funcionan, qué poderes tienen, etc., las capacidades, esto es, la competencia ejecutiva que tienen las organizaciones de aplicar sus decisiones sobre el terreno, la personas, capaces de dictar, tomar decisiones o guiar a masas o los acontecimientos, tanto históricos como recurrentes, para conocer la psique colectiva de quienes habitan el territorio y cuáles son sus hábitos y costumbres.

Las bases del análisis ASCOPE se pusieron por escrito por primera vez en el Field Manual 27-5 de 1943 del ejército estadounidense, si bien las siglas no aparecerían definidas hasta 2006. Estados Unidos redactó este manual en plena Segunda Guerra Mundial, concretamente en su segunda parte, cuando el país norteamericano se vio en la tesitura de administrar múltiples territorios por el mundo, desde el Pacífico hasta zonas italianas tras la incursión por Sicilia e incluso territorios alemanes según la liberación avanzaba. El gobierno estadounidense estaba persuadido de que, en un contexto de fragilidad (zonas recién conquistadas y avance del frente), el mando civil y el militar no podían ser ajenos ni independientes, por lo que el mando militar debía impregnarse bien de los diversos aspectos del funcionamiento civil. Fuese por las victorias militares, la ayuda soviética o por este método, las zonas liberadas no recayeron, no incurrieron en rebeldía ni auspiciaron el surgimiento de movimientos insurgentes.

De otra parte, el análisis PMESII propone prestar atención a variables políticas, militares, económicas, sociales, de información y civiles por ser estas los seis grandes pilares sobre los que se sostiene un poder efectivo, esto es, un mando con capacidad de convertir sus decisiones en hechos. De forma coloquial, podría decirse que PMESII concentra los intereses de los ministerios y agencias más críticos en para el gobierno: Presidencia, Defensa, Economía y Hacienda, Seguridad Social, Transportes y el CNI. Originalmente, este método pretendía representar el Estado u organización enemiga como un conjunto de sistemas interdependientes. Desde esta óptica, el adversario no solo era una estructura militar, sino polifacética e interdependiente. Nació en 2004 también en el ámbito militar estadounidense, y quedó registrado como doctrina en 2005 en el documento US Army Command and General Staff College, PMESII and the Non-State Actor. Si bien dinamizó y modernizó la planificación de las operaciones, PMESII también recibió críticas por tratar a las sociedades como entes previsibles. Para salvar este impedimento, se añadieron las dimensiones “entorno físico” y “tiempo”. No obstante, la verdadera utilidad de PMESII se encontró en su naturaleza descriptiva y no tanto prospectiva.

ASCOPE y PMESII no nacieron como una metodología única. El primero procedía principalmente de la tradición de Asuntos Civiles y permitía clasificar los componentes concretos del entorno humano, mientras que el segundo respondía a una concepción sistémica del entorno operacional. Su combinación en una matriz de treinta y seis casillas surgió durante las campañas estadounidenses de contrainsurgencia en Irak y Afganistán, como una práctica colectiva de las unidades de Asuntos Civiles del Cuerpo de Marines. La combinación de ambos mecanismos en una tabla es un recurso más reciente alumbrado en el contexto de las guerras de Irak y Afganistán en la década de 2010. Ya en 2011 se encuentra la matriz ASCOPE/PMESII en el documento Afghanistan Provincial Reconstruction Handbook (p. 138) del Center for Army Lessons Learned.

La utilidad de la matriz radica en la ordenación de la recopilación de información, detectar vacíos y descubrir efectos que atraviesan varios sistemas. Sin embargo, no debe confundirse la clasificación con el análisis: rellenar las treinta y seis casillas es solo el comienzo; el trabajo decisivo consiste en determinar qué factores son relevantes, cómo se relacionan y qué consecuencias pueden producir. Aquí la matriz (desplazar a la derecha para ver la tabla completa):

Ejemplo práctico: Namibia

Pongamos por caso Windhoek, la capital de Namibia. El gobierno es actualmente dirigido por una mujer, la socialista Netumbo Nandi-Ndaitwah. La economía namibia está basada, en buena parte, en la extracción de materias primas como el uranio y diamantes, así como metales como el plomo, el estaño, la plata o el wolframio. El país, de más de 2,5 millones de habitantes y un PIB superior a los 30 mil millones de dólares, se sitúa en el decimocuarto puesto —sobre 54— en el Índice de Desarrollo Humano en el continente africano. Según el ICEX, Sudáfrica es el principal socio comercial del país, por delante de China. Las relaciones entre la nación africana y China parecen estar intensificándose, como demuestra el memorando firmado en julio de 2026, que define su relación como una “comunidad de futuro compartido”. En este contexto, imaginemos que un agente desestabilizador insurgente prorrumpe en la capital y desestabiliza el gobierno y, por tanto, la región. En respuesta, Naciones Unidas envía tropas (Cascos Azules) españolas para revertir la situación y garantizar la seguridad del gobierno namibio. Este comando español debería disponer de la siguiente tabla (desplazar a la derecha para ver la tabla completa):

Algunas notas sobre Inteligencia empresarial y política

Pese a que la raíz de estos análisis es eminentemente militar, su aplicación no se restringe exclusivamente a la dominación del terreno, sino que puede emplearse en comunicación e inteligencia empresarial y estrategia política. En cada situación que un sujeto se plantee un objetivo, este puede guiarse por la valoración e identificación de los factores circunstanciales relacionados con los pilares político, militar, económico, social, de la información y de las infraestructuras. Ello permite identificar cada elemento de riesgo y trazar relaciones de dependencia y peligrosidad u oportunidad a partir de los mismos. Se trata de minimizar riesgos potenciales y maximizar las ventanas de oportunidad.

Por ejemplo, a la hora de lanzar un nuevo producto o servicio al mercado, hay que conocer el área geográfica —y su política— en la que se va a lanzar (una ciudad, una provincia, una región, en todo el país, a nivel europeo), el entramado social de esta (estructura familiar, individual, sindical, etc.), los canales de difusión de la información que puedan publicitar o criticar el producto, las organizaciones económicas, políticas y sociales que pueden interferir en su venta… y un largo etcétera.

Instrumentos para su aplicación

Primeramente, el agente disruptor (el invasor, si se quiere) —el agente comercial o el jefe de campaña de un partido político— necesita un servicio de Inteligencia operativo, integrado sobre el terreno e imbricado en el tejido social —un buen equipo que provea de información veraz (y no la que se desea escuchar)—. El mando debe conocer en tiempo real la situación para una toma de decisiones exitosa.

En segundo lugar, es imprescindible encontrarse persuadido de que la sola fuerza no abre la puerta de ningún territorio y nunca en la historia lo ha hecho, al menos, de forma duradera. La invasión francesa de España en 1808 contaba con una estrategia que fio demasiado a la superioridad militar del ejército francés y a la cooperación política con la Corona: las órdenes del monarca Fernando VII —fuesen libres o forzadas— eran de obediencia a las instituciones francesas. En cambio, la difusión de las abdicaciones de Bayona y de los sucesos del 2 y 3 de mayo en Madrid detonaron la mecha de una guerra asimétrica que enfrentó al lento y sonoro ejército imperial francés contra células urbanas y rurales de insurgentes que ocasionaban ataques fugaces, asequibles y, sobre todo, dañinos. El resultado de aquella guerra es bien conocido. En los planos empresarial y político, se debe evitar la imposición de productos, ideas o marcos conceptuales que provoquen la reacción virulenta de la población objetivo.

Heroica defensa de la torre de San Agustín en Zaragoza en la Guerra de la Independencia, César Álvarez Dumont (1884)

Por último, se antoja imprescindible una cadena de mando operativa y funcional que sea capaz de ejercer de cadena de transmisión de las decisiones para convertirlas en hechos. En una operación militar, si los soldados manifiestan desacato por diferir con las decisiones tomadas (algo inhabitual en el mundo castrense que, en excepcionales ocasiones puede ocurrir), el análisis mediante el método ASCOPE/PMESII queda eclipsado por la falta de operatividad funcional. En la empresa, si los empleados de rango inferior no ejercen las directrices adoptadas por la dirección, una campaña estacional o de lanzamiento de un producto puede quedar desactivada pese a disponer de buenas informaciones. En un partido político, si la militancia se siente desconectada de la dirección ejecutiva, una campaña electoral puede verse desinflada, resultando en un fiasco demoscópico.

Conclusiones

De acuerdo con esta reflexión, toda incursión que ambicione ejercer un dominio real (sea sobre el territorio, sobre el discurso político o sobre el mercado) necesita tener bajo control todos los elementos mencionados en la mencionada tabla de análisis y no dejar ventanas de oportunidad para que la insurgencia brote entre las rendijas dejadas al albur.

En suma, se trata de conocer en profundidad el tapiz de la geografía física y humana del territorio en cuestión y usarlo en favor propio.

Mario Fernando Pérez Melero

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