Su creciente valor estratégico abre también una oportunidad: convertir recursos, población, inversiones y nuevas alianzas en desarrollo, autonomía y capacidad de decisión

Su creciente valor estratégico abre también una oportunidad: convertir recursos, población, inversiones y nuevas alianzas en desarrollo, autonomía y capacidad de decisión

África está dejando de ser únicamente escenario de competencia entre potencias. Su creciente valor estratégico abre también una oportunidad: convertir recursos, población, inversiones y nuevas alianzas en desarrollo, autonomía y capacidad de decisión.
El creciente valor estratégico de Marruecos para Estados Unidos plantea una cuestión de mayor alcance. ¿Estamos observando solamente el fortalecimiento de un aliado norteafricano o una pieza de una estrategia estadounidense más amplia para recuperar capacidad de influencia en África?
La pregunta adquiere especial importancia en un continente donde China, Rusia, Estados Unidos, la Unión Europea y diferentes potencias regionales compiten mediante instrumentos distintos: inversiones, infraestructuras, minerales críticos, energía, tecnología, cooperación militar, formación, diplomacia y acceso a mercados.
Desde esta perspectiva, Marruecos deja de ser únicamente un asunto relacionado con España, Canarias, Ceuta, Melilla o el Sáhara Occidental. Su evolución puede formar parte de una transformación geopolítica considerablemente mayor.
África reúne algunas de las variables que determinarán buena parte de los equilibrios internacionales de las próximas décadas: crecimiento demográfico, urbanización, minerales críticos, recursos energéticos, nuevas rutas comerciales, expansión de mercados y una posición geográfica fundamental entre el Atlántico, el Mediterráneo, el Índico y el mar Rojo.
Pero existe otra transformación igualmente importante. Los Estados africanos disponen de mayor capacidad para diversificar sus relaciones internacionales y ya no dependen necesariamente de un único socio exterior.
China puede financiar una infraestructura; una empresa europea participar en su explotación; Rusia proporcionar cooperación en seguridad; Estados Unidos formar determinadas unidades militares; Turquía vender drones y los países del Golfo invertir en puertos, agricultura o energía.
África no es solamente el objeto de una nueva competencia internacional: sus gobiernos intentan aprovechar esa competencia para aumentar su propio margen de maniobra.
China: infraestructuras, comercio y recursos
China ha construido durante las últimas décadas una de las presencias económicas exteriores más importantes del continente. Carreteras, ferrocarriles, puertos, telecomunicaciones, energía, minería y financiación han permitido a Pekín desarrollar relaciones con prácticamente todos los países africanos.
Su estrategia combina intereses comerciales y estratégicos con una narrativa de cooperación Sur-Sur y, generalmente, con una menor condicionalidad política que la tradicionalmente asociada a Occidente.
Pero la presencia china responde también a intereses nacionales muy concretos. África proporciona materias primas, mercados, oportunidades empresariales y posiciones logísticas fundamentales para la economía china. Los minerales críticos constituyen uno de los terrenos donde esta competencia será especialmente intensa.
Rusia: seguridad e influencia política
La capacidad económica rusa es considerablemente menor que la china, pero Moscú ha utilizado otros instrumentos. En diferentes países africanos, especialmente en el Sahel, Rusia ha desarrollado relaciones basadas en cooperación militar, suministro de armamento, formación, seguridad de regímenes y apoyo político, aprovechando además el deterioro de las relaciones de algunos gobiernos africanos con Francia y otras potencias occidentales.
La presencia del Africa Corps, heredero parcial de las estructuras desarrolladas anteriormente por Wagner, representa una manifestación especialmente visible de esta estrategia.
Rusia no necesita competir económicamente con China o Europa en todo el continente. Puede obtener influencia mediante una presencia selectiva en seguridad, defensa, recursos estratégicos y relaciones con determinados gobiernos.
Estados Unidos busca reposicionarse
La pérdida de posiciones en Mali, Burkina Faso y Níger obliga a Washington a reconsiderar parte de su arquitectura de seguridad africana. Es precisamente aquí donde adquiere una dimensión diferente el fortalecimiento de Marruecos analizado anteriormente.
La hoja de ruta de cooperación en defensa Estados Unidos-Marruecos 2026-2036, AMTEC, African Lion, las capacidades de drones y antidrones y la creciente interoperabilidad militar pueden contemplarse desde una perspectiva mucho más amplia.
Esta interpretación encuentra ahora un respaldo particularmente significativo en la documentación estadounidense. La Sección 1268 del proyecto de National Defense Authorization Act (NDAA) para 2027, titulada Plan to enhance defense cooperation with Morocco, establece que, si la disposición queda incorporada definitivamente a la ley, el secretario de Defensa deberá presentar al Congreso un plan destinado a profundizar la cooperación militar con Marruecos en coherencia con la hoja de ruta 2026-2036.
La importancia geopolítica se encuentra en los ámbitos que Washington plantea estudiar. Entre ellos figura la posibilidad de establecer «cooperative security locations» en Marruecos, profundizar la cooperación antiterrorista, rehabilitar mediante financiación compartida antiguas pistas utilizadas por el Strategic Air Command estadounidense, modernizar las Fuerzas Armadas marroquíes mediante material estadounidense y desarrollar capacidades multidominio y de drones.
No significa que Estados Unidos haya decidido establecer nuevas bases militares permanentes en Marruecos. La propia naturaleza del proyecto obliga a diferenciar entre opciones que deberán ser estudiadas y decisiones ya adoptadas. Pero revela una dirección estratégica: Washington contempla una infraestructura de cooperación más profunda y flexible en territorio marroquí.
La tendencia resulta todavía más visible al analizar African Lion 2026. AFRICOM confirma que el ejercicio, desarrollado en Ghana, Marruecos, Senegal y Túnez, reunió a más de 5.600 participantes de más de 40 países y sirvió también para experimentar con sistemas autónomos, inteligencia artificial, mando y control, sistemas antidrones y nuevas plataformas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento.
En Cap Draa, Tan-Tan, militares estadounidenses probaron además sistemas autónomos y vehículos tácticos y realizaron entrenamiento con drones orientado a reconocimiento e identificación de objetivos. En Agadir se desarrollaron actividades específicas de defensa antidrones y vigilancia avanzada. Todo ello permite plantear una hipótesis más sólida:
Marruecos podría convertirse progresivamente en una de las principales plataformas estadounidenses de cooperación, experimentación y proyección militar hacia África occidental, noroccidental y el Sahel.
No necesariamente mediante grandes bases permanentes. El modelo podría ser considerablemente más flexible: instalaciones de cooperación, logística, entrenamiento, ejercicios multinacionales, innovación tecnológica, inteligencia, interoperabilidad y capacidad para responder rápidamente ante crisis regionales.
Marruecos ofrece además una combinación difícil de encontrar: estabilidad relativa, infraestructuras, proximidad al Sahel, acceso atlántico y mediterráneo y una relación militar consolidada con Washington. Su condición de aliado principal extra-OTAN desde 2004 proporciona además una base institucional de largo recorrido.
La cuestión marroquí adquiere así una dimensión que supera ampliamente las relaciones bilaterales con España. Estados Unidos no estaría mirando solamente a Marruecos; estaría mirando también hacia África desde Marruecos.
Europa: mucha presencia, pero ¿suficiente influencia?
La Unión Europea parte de una situación paradójica. Continúa siendo uno de los principales socios económicos de África, mantiene importantes inversiones, relaciones comerciales y programas de cooperación y dispone de instrumentos como Global Gateway, cuyo paquete de inversión África-Europa pretende movilizar alrededor de 150.000 millones de euros. Por tanto, Europa no está ausente, pero ¿se corresponde su enorme presencia económica con una influencia estratégica equivalente?
Durante décadas, una parte importante de la política europea hacia África ha estado relacionada con cooperación al desarrollo, ayuda humanitaria, seguridad, democratización y, crecientemente, control de los movimientos migratorios. Estos ámbitos continúan siendo necesarios, pero probablemente resultan insuficientes ante la transformación del continente.
Europa necesita contemplar África también como socio industrial, energético, tecnológico y geopolítico.
Esto exige modificar parte de la filosofía tradicional de las relaciones euroafricanas. La cooperación no debería desaparecer, pero tendría que integrarse dentro de una relación más equilibrada basada en intereses compartidos. Europa necesita recursos, mercados y socios africanos; África necesita inversión, infraestructuras, industrialización, tecnología, financiación y acceso a mercados. Existe, por tanto, un espacio considerable para construir una relación de beneficio mutuo.
El verdadero cambio debería producirse en la forma de generar y repartir el valor. No se trata simplemente de que Europa acceda a los recursos africanos, sino de contribuir a que una parte creciente de su transformación, industrialización y valor añadido permanezca en el propio continente. Esto implica favorecer industrias locales, empleo cualificado, formación profesional, transferencia tecnológica y participación de empresas africanas en las cadenas internacionales de valor. África no debería limitarse a exportar lo que posee; debería tener también la oportunidad de transformar, producir y competir con ello.
El Corredor de Lobito, que conecta Angola, Zambia y la República Democrática del Congo, constituye un ejemplo interesante de esta nueva filosofía: infraestructuras, minerales críticos, transporte, inversión y desarrollo regional pueden formar parte de una misma estrategia.
Sin embargo, la competencia geopolítica no se resolverá únicamente mediante inversiones. China ofrece infraestructuras y financiación. Rusia proporciona seguridad y apoyo político. Estados Unidos combina defensa, tecnología, inversión y alianzas.
En este contexto Europa necesita definir con mayor claridad qué ofrece además de dinero. Su principal ventaja comparativa podría encontrarse precisamente en un modelo que combine inversión privada, seguridad jurídica, educación, formación profesional y técnica, derechos laborales, tecnología, fortalecimiento institucional, sostenibilidad y desarrollo de sociedades civiles y economías locales.
No se trataría de imponer el modelo europeo, sino de demostrar que determinados principios —instituciones previsibles, formación de capital humano, libertad económica, protección social, seguridad jurídica y transparencia— pueden contribuir a un desarrollo más sólido y duradero.
La influencia europea será más sólida si las poblaciones africanas perciben resultados concretos: empleo, electricidad, carreteras, universidades, centros de formación profesional, tecnología, empresas y oportunidades reales para sus jóvenes. La formación, además, debería estar vinculada a las necesidades productivas de cada país, de modo que permita crear técnicos, ingenieros, profesionales sanitarios, especialistas digitales y trabajadores cualificados capaces de sostener el desarrollo desde dentro.
España ante una oportunidad estratégica
España ocupa una posición singular dentro de este escenario. Su proximidad geográfica, Canarias, sus relaciones con Marruecos y otros países africanos y su condición simultánea de país mediterráneo, atlántico y miembro de la Unión Europea permiten pensar en un papel más ambicioso.
España no debería limitarse a contemplar África fundamentalmente desde la inmigración, el terrorismo o la seguridad fronteriza. El continente representa también mercados, energía, recursos, inversión, cooperación tecnológica y oportunidades estratégicas.
Existe incluso la posibilidad de transformar parcialmente la propia posición geopolítica española: de frontera meridional de Europa a puente europeo hacia África.
Una competición diferente
En la nueva competencia por África no existen bloques claramente delimitados y numerosos países africanos evitarán elegir exclusivamente entre Washington, Pekín, Moscú o Bruselas. Probablemente intentarán negociar simultáneamente con todos ellos. Por eso, la potencia que consiga mayor influencia no será necesariamente la que despliegue más soldados o conceda más ayudas, sino aquella capaz de construir relaciones duraderas que los propios africanos consideren beneficiosas.
El fortalecimiento de Marruecos por parte de Estados Unidos puede entenderse como una pieza más de esta nueva competición estratégica. Para Europa, sin embargo, representa al mismo tiempo una advertencia y una oportunidad. Europa necesita asumir que contribuir al desarrollo africano y defender sus propios intereses estratégicos no son objetivos incompatibles, siempre que la relación se construya sobre beneficios compartidos, respeto mutuo y una verdadera capacidad de asociación.
Epílogo
Hay canciones que parecen venir de muy lejos, atravesando caminos de tierra, ciudades llenas de vida, costas abiertas al océano y generaciones enteras de memoria.
«Africa», de Ismaël Lô, pertenece a estas últimas.
Su voz no habla de un continente abstracto. Habla de una tierra vivida, sufrida y amada; de un África que carga con heridas profundas, pero que sigue levantándose cada mañana con orgullo, música, memoria y esperanza.
Mientras suena la canción, África deja de ser por unos minutos un espacio de mapas, fronteras, conflictos o estadísticas. Se convierte en algo mucho más cercano: rostros, miradas, familias, mercados, caminos, silencios, despedidas y regresos.
Ismaël Lô nos recuerda que detrás de cada crisis que analizamos hay pueblos que continúan viviendo, creando, soñando y defendiendo su dignidad.
Quizá esa sea también otra forma de acercarnos a África: no solo intentar comprenderla, sino escucharla, dejar durante unos minutos que sea ella quien nos hable.
Porque África no está esperando entrar en la Historia. África siempre estuvo en ella

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