La presión sobre la ruta del Mediterráneo central y los acuerdos de control con países del norte de África han desplazado parte de los flujos hacia rutas más peligrosas como la ruta atlántica hacia Canarias
La presión sobre la ruta del Mediterráneo central y los acuerdos de control con países del norte de África han desplazado parte de los flujos hacia rutas más peligrosas como la ruta atlántica hacia Canarias

La migración irregular constituye otro eje central de la crisis regional. Libia sigue siendo país de tránsito y destino, mientras las rutas se adaptan a los controles fronterizos, los acuerdos entre milicias, la presión policial y las políticas europeas de externalización migratoria.
La economía del tráfico de migrantes funciona mediante una cadena de pagos sucesivos: transporte por tramos, alojamiento, sobornos, protección, rescate, paso fronterizo, detención, liberación y embarque. En algunos casos, los migrantes son convertidos en mercancía humana mediante secuestros, trabajos forzados, extorsiones familiares, violencia sexual o detenciones arbitrarias. Por eso conviene distinguir entre contrabando de migrantes, cuando existe pago para cruzar fronteras, y trata de seres humanos, cuando hay explotación, coacción o esclavización.
Los grupos armados y milicias se benefician de esta economía. Controlan carreteras, cobran peajes, ofrecen protección, gestionan centros de detención informales, colaboran con traficantes o se integran en aparatos de seguridad locales. En Libia, la fragmentación del Estado ha permitido que las políticas de control migratorio se mezclen con intereses de milicias, autoridades rivales y redes criminales.
La presión sobre la ruta del Mediterráneo central y los acuerdos de control con países del norte de África han desplazado parte de los flujos hacia rutas más peligrosas como la ruta atlántica hacia Canarias, que ha adquirido una creciente importancia estratégica. En 2024 alcanzó cifras récord y, aunque en 2025 se produjo un descenso significativo de llegadas, la peligrosidad aumentó por el uso de trayectos más largos.
En 2026, en la ruta atlántica descienden las llegadas. Los datos disponibles hasta mediados de año indican una fuerte reducción de entradas respecto a 2025, en buena medida por el refuerzo de los controles en Mauritania, Senegal y Marruecos. Sin embargo, esta presión no elimina los flujos, sino que los desplaza hacia trayectos más largos y arriesgados, especialmente desde Gambia y, en menor medida, Guinea-Conakry.
La consecuencia es una reconfiguración del riesgo. Llegan menos embarcaciones a Canarias, pero las que lo intentan pueden recorrer distancias mucho mayores, permanecer más tiempo en el mar y depender de redes de tráfico cada vez más adaptativas. El naufragio de julio de 2026 de un cayuco salido de Gambia, con alrededor de 150 personas muertas o desaparecidas, lo confirma.
La presión sobre la ruta atlántica hacia Canarias debe entenderse como parte de una arquitectura más amplia de inseguridad saheliana, donde terrorismo, economías ilícitas, movilidad humana, cambio climático y debilidad estatal forman un mismo sistema de fragilidad regional.
Principales riesgos
La expansión yihadista hacia el Golfo de Guinea añade un riesgo adicional. Benín, Togo, Ghana y Costa de Marfil aparecen cada vez más expuestos a la infiltración de redes procedentes del Sahel. La criminalidad organizada y el terrorismo no actúan como mundos separados, sino como sistemas que pueden cooperar, competir o aprovecharse mutuamente. Allí donde el Estado es débil, las fronteras son porosas y la población depende de economías informales, los grupos armados encuentran una base de penetración social.
Europa se enfrenta a un dilema estratégico de primer orden. La respuesta tradicional de la “guerra contra el terrorismo” muestra claros signos de agotamiento. Durante dos décadas, el enfoque dominante ha sido militar y de seguridad. Sin embargo, en el Sahel, como antes en Oriente Medio, combatir una amenaza sin resolver las causas políticas, sociales y territoriales puede alimentar otra amenaza aún mayor.
El riesgo de ceguera estratégica es evidente. Si Europa limita su política saheliana a apoyar juntas militares, externalizar la seguridad o aceptar una lógica puramente represiva, puede contribuir involuntariamente a fortalecer las condiciones que permiten la expansión yihadista.
La pérdida de influencia occidental en la región no elimina la amenaza; solo reduce la capacidad europea para comprenderla, anticiparla y gestionarla.
El gran debate es si puede abrirse algún tipo de vía política con determinados actores locales vinculados al conflicto. Una cuestión que en el contexto actual es extremadamente delicada, debido a que organizaciones como el JNIM o el Estado Islámico están calificadas como terroristas. Pero, ¿puede resolverse el conflicto únicamente por medios militares? Si algunos grupos consolidan formas de gobernanza territorial y buscan capital político, la dimensión militar por sí sola puede resultar insuficiente.
La comparación con otros escenarios, como Siria, no debe entenderse como un vaticinio, sino como una advertencia analítica. Algunos grupos armados pueden transformar su capital militar y territorial en capital político. Cuando aspiran al poder, la afiliación a una organización yihadista global puede convertirse en una carga. Pero una ruptura precipitada o mal gestionada también podría beneficiar al Estado Islámico, que se encuentra en fase de expansión y consolidación.
Europa y España
Para Europa y España, el Sahel no es una periferia lejana, sino un escenario crítico directamente conectado con su propia seguridad. La región enlaza con las rutas migratorias hacia el Mediterráneo y el Atlántico, la estabilidad de África Occidental, la presión sobre Canarias, la criminalidad organizada, el terrorismo y la seguridad del espacio mediterráneo.
Pero su importancia va más allá de la dimensión migratoria o de seguridad. El Sahel se ha convertido también en un espacio de competencia entre potencias, con una presencia creciente de Rusia, Turquía y China, y con una influencia occidental cada vez más cuestionada.
Por eso, el problema del Sahel no puede considerarse solo africano. Es también europeo, mediterráneo y atlántico. Para España, además, tiene una relevancia particular: Canarias, el Mediterráneo occidental y la relación con el Magreb convierten la estabilidad saheliana en una cuestión de Seguridad Nacional y de responsabilidad compartida.
Lectura estratégica y estudio de escenarios
El escenario más probable a corto plazo es la intensificación de la violencia yihadista, acompañada de una mayor competencia entre JNIM/GSIM y el Estado Islámico. Ambos grupos seguirán intentando demostrar capacidad operativa mediante ataques contra objetivos simbólicos, militares, tecnológicos y logísticos. Sin embargo, el análisis del Sahel no debe limitarse a la evolución de la amenaza. También existen dinámicas de resiliencia local, restauración ambiental, energía descentralizada, cooperación comunitaria y desarrollo rural que pueden convertirse en factores de estabilización si reciben un apoyo sostenido.
CORTO PLAZO
| Escenario | Descripción | Riesgos principales | Impacto UE y España |
| A: Aumento de la violencia yihadista | JNIM/GSIM y EI aumentan ataques contra bases militares, aeropuertos, convoyes, puestos control e infraestructuras sensibles. La rivalidad entre ambos eleva importancia propagandística de sus operaciones. | Ataques en Mali, Níger y Burkina Faso. Debilidad de ejércitos nacionales. Destrucción capacidad aérea, vigilancia e inteligencia. Miedo en población civil. | Mayor presión migratoria. Deterioro seguridad en África Occidental. Pérdida capacidad europea para anticipar evolución conflicto. |
| B: Consolidación de las economías criminales | Rutas droga, armas, combustible, oro y migrantes se consolidan como fuente de financiación para grupos armados, milicias y redes criminales. Controlar rutas equivale a controlar poder territorial. | Aumento extorsión, cobro de peajes ilegales, protección convoyes, trata personas y corrupción local. | Refuerzo de redes criminales conectadas con el Mediterráneo, Canarias y mercados europeos drogas. |
| C: Mayor dependencia de socios no occidentales | Juntas militares refuerzan cooperación con Rusia (África Corps), Turquía, China y otros actores. Disminuye presencia francesa, europea y estadounidense. | Militarización respuesta, abusos contra población civil, pérdida legitimidad estatal y mayor reclutamiento yihadista. | UE pierde influencia, acceso a inteligencia y capacidad de interlocución con gobiernos de la región. |
| D: Resiliencia local y geopolítica positiva | Proyectos restauración de tierras, minirredes solares, agricultura resiliente, retención de agua, empleo rural y participación de mujeres y jóvenes generan focos limitados de estabilidad. | Falta financiación, inseguridad local, debilidad institucional y riesgo proyectos queden aislados o capturados por élites locales. | Oportunidad para política europea y española más inteligente: apoyar seguridad humana, arraigo rural, cooperación local y prevención de migraciones forzadas. |
MEDIO PLAZO
A medio plazo, el riesgo central es la expansión hacia el Golfo de Guinea y la consolidación de las rutas criminales que conectan el Sahel con Libia, el Magreb, el Mediterráneo y Canarias. La amenaza no será solo terrorista, sino también criminal, migratoria, climática y política. Frente a esa tendencia, la geopolítica positiva debe entenderse como una estrategia de contención social: no sustituye a la seguridad, pero puede impedir que la crisis se extienda de forma irreversible.
| Escenario | Descripción | Riesgos principales | Impacto UE y España |
| A: Expansión hacia el Golfo de Guinea | Presión se desplaza hacia Benín, Togo, Ghana y Costa de Marfil. Grupos armados aprovechan fronteras porosas, economías informales y poblaciones poco protegidas. | Nuevos frentes inseguridad. Deterioro países hasta ahora más estables. Conexión entre terrorismo, criminalidad urbana y economías ilícitas. | Amenaza a intereses económicos europeos. Aumento inseguridad regional y flujos migratorios. |
| B: Fragmentación territorial del Sahel central | Estados pierden control de amplias zonas rurales. JNIM, EI, milicias locales y redes criminales ejercen funciones de autoridad mediante fiscalidad, justicia informal o protección armada. | Zonas de gobernanza armada, desplazamientos internos, disolución autoridad estatal y normalización economías ilícitas. | El Sahel se consolida como espacio de inseguridad estructural conectado con Libia, el Magreb, Canarias y el Mediterráneo. |
| C: Reconfiguración de rutas migratorias | Presión sobre Mediterráneo central. Acuerdos de control desplazan parte de los flujos hacia rutas más largas y peligrosas, especialmente ruta atlántica hacia Canarias. | Aumento de muertes en tránsito, mayor poder de redes de tráfico, rutas desde Mauritania, Senegal, Gambia o Marruecos y mayor explotación de migrantes. | Canarias se consolida como frontera estratégica europea. España queda más expuesta a crisis humanitarias y presión política interna. |
| D: Corredores de estabilización local | Algunos territorios combinan seguridad comunitaria, restauración ambiental, agricultura adaptada al clima, energía solar, servicios básicos y mercados locales. | Avances desiguales, vulnerabilidad ante ataques, corrupción, captura de recursos y falta de continuidad política. | Oportunidad para España y la UE de apoyar proyectos visibles, útiles y comprensibles para población: agua, luz, empleo, alimentación y seguridad cotidiana. |
LARGO PLAZO
A largo plazo, el peor escenario sería la conversión del Sahel en un santuario yihadista-criminal permanente, con Estados debilitados, economías ilícitas normalizadas y actores externos compitiendo por influencia. El mejor escenario, aunque más difícil, exige una estrategia integral que combine seguridad, inteligencia, diplomacia, desarrollo local, reconstrucción de legitimidad estatal y una agenda positiva de resiliencia climática, energética y social.
| Escenario | Descripción | Riesgos principales | Impacto UE y España |
| A: Sahel como santuario yihadista-criminal | Estados no recuperan legitimidad ni control territorial. Se consolida espacio permanente de expansión de grupos yihadistas y redes criminales. | Inseguridad desde el lago Chad hasta Mali, Níger, Libia y el Magreb. Aumento cooperación entre yihadistas africanos. | Amenaza prolongada para el Mediterráneo, África Occidental y Europa. Necesidad de mayor inteligencia, cooperación policial y política exterior sostenida. |
| B: Colapso parcial de Estados y crisis regional ampliada | Mali, Níger o Burkina Faso evolucionan hacia soberanía fragmentada: capitales controladas por juntas militares y zonas rurales bajo influencia armada. | Desplazamientos masivos, hambre, crisis climática, economías ilícitas, deslegitimación estatal y expansión de actores externos. | Crisis migratoria prolongada, debilitamiento socios africanos y aumento presión sobre las fronteras europeas. |
| C: Contención parcial mediante estrategia integral | Estados africanos, con apoyo regional, europeo e internacional, combinan seguridad, inteligencia, desarrollo local, gobernanza y negociación política limitada. | Escenario difícil, lento y vulnerable a golpes militares, rivalidades externas, corrupción y falta de financiación sostenida. | Escenario favorable para la UE y España: reduce presión migratoria, limita el avance yihadista y permite recuperar influencia estratégica. |
| D: Geopolítica positiva y reconstrucción desde el territorio | La restauración de tierras, la Gran Muralla Verde, las minirredes solares, la gestión del agua, la agricultura resiliente, la educación, empleo juvenil y protagonismo de las mujeres crean una base social de estabilidad. | Resultados lentos, financiación insuficiente, inseguridad, cambio climático acelerado y riesgo de que los avances locales no se traduzcan en reformas estatales. | Escenario más favorable a largo plazo para España y Europa: menos migración forzada, menor reclutamiento armado, más socios locales y una relación euromediterránea menos basada en el miedo y más en la cooperación. |
Para Europa y España, apoyar esta dimensión positiva no es caridad ni cooperación al desarrollo, es una inversión estratégica. Cada hectárea recuperada, cada aldea electrificada, cada joven con empleo local y cada comunidad que logra permanecer en su territorio reducen el espacio social disponible para el yihadismo, la criminalidad organizada y las migraciones forzadas. En el Sahel, la seguridad empieza también por la vida cotidiana.
Epilogo
Tinariwen: la guitarra del desierto
En esta segunda parte del Sahel, la voz la pone Tinariwen, música nacida entre arena, exilio y memoria tuareg.
Sus guitarras no cantan desde una capital, sino desde el desierto: desde los caminos sin frontera, las caravanas perdidas, los campamentos desplazados y los pueblos que resisten entre Estados frágiles, violencia armada y olvido internacional.
Si Tajabone abría una puerta espiritual al Sahel, Tinariwen nos conduce ahora hacia su geografía más dura: la del viento, la insurgencia, la frontera y la dignidad de quienes siguen caminando bajo un cielo inmenso.

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