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Rosa Parks, Maricarmen Abascal: el cuerpo como último refugio

Cuando la violencia se enmascara tras la legalidad de un contrato o el cumplimiento de un mandato judicial, las leyes dejan de proteger y de regular a la comunidad para convertirse en un simple pero cruel instrumento de despojo y saqueo

El 1 de diciembre de 1955 en Montgomery (Alabama) el conductor del autobús municipal James Blake, le ordenó a Rosa Parks y a otros tres pasajeros negros que se levantaran para ceder la fila de asientos a un pasajero blanco que acababa de subir.

Los otros pasajeros obedecieron pero Parks se negó a levantarse.

Tras su negativa el conductor llamó a la policía. Dos agentes acudieron al lugar y la arrestaron en el acto por violar la ordenanza municipal de segregación racial y cometer una alteración del orden público.

Rosa Parks fue llevada a la comisaría local, donde se le tomó la ficha policial, las huellas dactilares y pasó unas horas bajo custodia en el calabozo antes de ser puesta en libertad bajo fianza gracias a la intervención de abogados activistas.

En el juicio celebrado el 5 de diciembre de 1955 fue declarada culpable de violar la ordenanza local y se le impuso una multa de 10 dólares más 4 dólares de costas judiciales.

Su arresto fue el detonante directo del boicot de autobuses de Montgomery. Hito fundamental del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos.

La detención de Parks dio origen al boicot de autobuses de Montgomery impulsado por el Women Political Council liderado por un joven Martin Luther King. Este boicot que duró 381 días desarticuló financieramente a la compañía de transportes y forzó el fallo del Tribunal Supremo declarando inconstitucional la segregación en los autobuses.

El fallecimiento de Maricarmen en Madrid a las dos semanas del desahucio consolidó su figura como un punto de no retorno en la percepción del problema de la vivienda. Al igual que la negativa de Rosa Parks en 1955 a levantarse de su asiento demostró que las leyes racistas eran insostenibles en un marco democrático, el desahucio de Maricarmen visibilizó que tratar la vivienda como un bien especulativo condena a ciertos sectores a la miseria cuando no a la pérdida de un hogar.

Hay un denominador común en ambos casos: el cuerpo vulnerable se convierte en el último bastión de resistencia frente a la deshumanización.

Al negarse a claudicar ambas mujeres expusieron la descarnada violencia del sistema.

Cuando la violencia se enmascara tras la legalidad de un contrato o el cumplimiento de un mandato judicial, las leyes dejan de proteger y de regular a la comunidad para convertirse en un simple pero cruel instrumento de despojo y saqueo.

Es un hecho histórico que los movimientos populares y sociales organizados cambiaron la historia de los Estados Unidos.

Y tanto en Estados Unidos como en España fueron los cuerpos de dos mujeres los que operaron como detonantes para cavar la trinchera de combate y cambiar la historia.

¿La cambiarán en España?

Mario Coll

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