Inteligencia Geopolítica

Israel: elecciones legislativas 2026 (Parte 2)

Netanyahu, rehenes, Gaza, responsabilidades, fractura social y las elecciones

«No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido» Genesis 32:28

La sombra del 7-O vuelve al centro de la campaña

Una investigación publicada por Haaretz sostiene que el presidente de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed, advirtió personalmente a Benjamin Netanyahu, unos diez días antes del ataque, de que Yahya Sinwar preparaba una operación de gran magnitud. Según esa información, Netanyahu no trasladó la advertencia a los principales responsables militares y de inteligencia. El primer ministro lo niega categóricamente.

La controversia ha adquirido ahora una nueva dimensión. El exdirector del Shin Bet, Ronen Bar, ha presentado una demanda por difamación contra Netanyahu en la que sostiene que el primer ministro recibió reiteradas advertencias durante 2023 sobre el deterioro de la disuasión frente a Hamás y el riesgo de una escalada grave. Según Bar, varias de esas alertas cuestionaban expresamente la idea de que Hamás estuviera contenido y recomendaban reforzar la preparación en torno a Gaza.

Netanyahu rechaza estas acusaciones y sostiene, por el contrario, que los responsables de seguridad no le alertaron adecuadamente en las horas previas al ataque. La demanda de Bar no permite establecer todavía qué información recibió exactamente el Gobierno ni cómo fue valorada, pero refuerza una pregunta que se ha convertido en central para estas elecciones: si el 7-O fue únicamente un fallo operativo y de inteligencia o también el resultado de una concepción política y estratégica equivocada sobre Hamás.

A pocas semanas de las elecciones, el 7 de Octubre deja así de ser únicamente una cuestión histórica o militar para convertirse también en un debate sobre confianza política, responsabilidad de gobierno y modelo de Estado.

La sociedad israelí después del 7 de octubre

La campaña electoral se desarrolla en una sociedad profundamente transformada por la guerra. Miles de reservistas han permanecido movilizados durante largos periodos; familias enteras se han visto obligadas a desplazarse; la situación de los rehenes ha desencadenado grandes movilizaciones, y el conflicto ha dejado un elevado coste humano y económico.

En este contexto, la controversia sobre el documental NAZA añade tensión al debate político israelí. El 11 de octubre, Benjamín Netanyahu exigió identificar, investigar y procesar a los militares y oficiales de inteligencia que ofrecen testimonios anónimos en la película, alegando revelación de información clasificada, difamación y perjuicio para los intereses de Israel. El documental reúne las declaraciones de 24 participantes sobre los procedimientos empleados para seleccionar objetivos en Gaza y los criterios que permitían autorizar ataques aun previendo numerosas víctimas civiles. El Ejército israelí rechaza estas denuncias. El episodio puede interpretarse como una nueva expresión de la disputa por el relato de la guerra y plantea interrogantes sobre la protección de quienes denuncian posibles abusos y la capacidad de las instituciones para investigarlos con independencia.

Existe además un problema estructural especialmente delicado: la relación entre los ultraortodoxos y el servicio militar obligatorio. La presión para ampliar el reclutamiento a sectores tradicionalmente exentos enfrenta las necesidades militares del Estado con unos partidos religiosos indispensables durante años para construir gobiernos de coalición.

De Madrid y Oslo

Para comprender las elecciones de 2026 quizá sea necesario retroceder tres décadas. La Conferencia de Madrid de 1991 abrió las negociaciones directas entre Israel, los palestinos y los principales Estados árabes implicados. Cuando aquel proceso comenzó a bloquearse surgió el canal secreto de Oslo, que desembocaría en los acuerdos de 1993. Madrid fue así el antecedente político y diplomático de Oslo.

Durante unos años pareció posible que territorio, seguridad, fronteras y reconocimiento pudieran ser objeto de negociación. El asesinato de Isaac Rabin en 1995 por un extremista israelí contrario al proceso de paz simbolizó dramáticamente las resistencias que aquella transformación despertaba.

Después llegaron atentados, intifadas, guerras y fracasos negociadores. El laborismo perdió centralidad mientras crecieron las fuerzas nacionalistas y religiosas y se consolidó otra concepción de la seguridad: menos confianza en la negociación y mayor confianza en la superioridad militar, el control territorial y la disuasión.

El 7 de octubre de 2023 provocó una nueva ruptura. No sólo desencadenó la guerra de Gaza: puso en cuestión la estrategia que durante años había permitido convivir con un Hamás gobernante bajo la premisa de que podía ser contenido y disuadido.

En septiembre de 2025, la Comision Internacional Independiente de Investigacion de Naciones Unidas concluyó que Israel había cometido genocidio contra los palestinos en Gaza; en junio de 2026 reiteró esa conclusión. No se trata de una sentencia definitiva de la Corte Internacional de Justicia y el Gobierno israelí rechaza esa acusación.

Treinta años después de Oslo, Israel vuelve así a una pregunta esencial, pero casi invertida. Entonces se discutía qué territorio podía cederse para alcanzar la paz. Hoy determinados sectores de la política israelí discuten cómo impedir que esos territorios puedan constituir algún día un Estado palestino.

Cuando el territorio se convierte también en religión

Existe además una dimensión frecuentemente olvidada: el conflicto se ha ido sacralizando.

Después de 1967, Judea y Samaria adquirieron para sectores del sionismo religioso no sólo valor estratégico, sino histórico y religioso. Smotrich llevó esa concepción al terreno político mediante su Decisive Plan de 2017, orientado a derrotar las aspiraciones nacionales palestinas y extender la soberanía israelí sobre Cisjordania. El propio INSS considera que aquel programa constituye una de las matrices ideológicas de las actuales políticas de anexión de facto.

Ben-Gvir introduce otro espacio especialmente sensible: el Monte del Templo/Haram al-Sharif. Ya en enero de 2023, el INSS realizó un juego de guerra sobre las consecuencias de sus visitas y advertía de que alterar el statu quo podía provocar una grave escalada regional.

En el lado palestino ocurre algo semejante. Para Hamás, Al-Aqsa y Jerusalén poseen un enorme valor político, nacional y religioso. No es casual que la operación recibiera el nombre de Inundación de Al-Aqsa.

Cuando un territorio deja de ser solamente negociable y comienza a considerarse sagrado, la posibilidad de compromiso disminuye radicalmente.

Las señales estaban ahí

El ataque sorprendió a Israel, pero no surgió de un vacío informativo. Durante las semanas anteriores se habían detectado ejercicios militares, utilización de túneles, simulaciones de penetración y empleo de drones. MEMRI  había advertido incluso de indicios de una posible guerra durante septiembre u octubre. Israel disponía de servicios de inteligencia extraordinariamente sofisticados. Sin embargo, el sistema fue incapaz de anticipar y detener una operación extremadamente compleja.

La explicación parece encontrarse sobre todo en una concepción estratégica equivocada sobre Hamás: se asumía que la organización prefería gobernar Gaza antes que desencadenar una guerra de grandes dimensiones y podía ser disuadida mediante vigilancia, superioridad militar, incentivos económicos y control fronterizo. El INSS ha analizado posteriormente cómo esa concepción se relacionaba incluso con una política que consideraba funcional mantener separadas Gaza y Cisjordania: Hamás gobernando Gaza y una Autoridad Palestina debilitada en Cisjordania dificultaban la aparición de un interlocutor palestino único y, con ello, una solución de dos Estados.

El 7-O volvió así a demostrar una vieja regla de la inteligencia: tener información no significa necesariamente comprenderla.

Antes del 7-O: estrategias que terminaban convergiendo

Actor Estrategia principal Resultado posible
Netanyahu Gestionar el conflicto, contener a Hamás y mantener políticamente separadas Gaza y Cisjordania. Una Palestina fragmentada y sin interlocutor político único.
Smotrich Extender progresivamente la soberanía israelí sobre Cisjordania e impedir un Estado palestino. Anexión de facto y pérdida de viabilidad territorial palestina.
Ben-Gvir Reforzar una concepción nacional-religiosa de la soberanía, especialmente en Jerusalén. Mayor confrontación territorial y religiosa.
Seguridad israelí Contener y disuadir a Hamás mediante tecnología, inteligencia y superioridad militar. Convicción de que Hamás era controlable.

No aparece públicamente una hoja de ruta única que coordinara todos esos elementos antes del 7-O. Pero sí puede observarse prospectivamente una convergencia: fragmentación política palestina, expansión territorial israelí y convencimiento de que Hamás podía mantenerse indefinidamente contenido en Gaza.

Eso obliga a formular una pregunta incómoda: ¿el sistema israelí simplemente no comprendió las advertencias o su propia estrategia política contribuyó a que necesitara creer que Hamás estaba controlado?

No existe evidencia pública que permita afirmar que Netanyahu conociera el ataque en toda su dimensión y decidiera permitirlo. Pero entre ignorar una amenaza y permitir deliberadamente una catástrofe existe una zona que merece investigación: conocer indicios, infravalorarlos o aceptar un determinado riesgo porque se considera manejable.

Una estrategia que el 7-O no terminó de cambiar

El 7 de Octubre destruyó la idea de que Hamás podía ser contenido indefinidamente sin asumir grandes riesgos, pero no está claro que haya provocado una transformación equivalente de la estrategia política israelí hacia los palestinos. Una parte del debate actual sostiene que continúa operando una lógica conocida: mantener separadas Gaza y Cisjordania, impedir la aparición de una autoridad palestina suficientemente fuerte y gestionar el conflicto antes que resolverlo políticamente.

La contradicción es especialmente visible en Gaza. Israel afirma que Hamás no puede seguir gobernando la Franja, pero cualquier intento de sustituirlo exige construir una alternativa política y administrativa. Si la Autoridad Palestina es descartada o debilitada y otras estructuras de gobierno no llegan a consolidarse, Hamás puede quedar militarmente erosionado y, al mismo tiempo, continuar siendo el único poder organizado capaz de administrar una parte sustancial de Gaza.

La cuestión que se plantea así para el próximo Gobierno israelí va más allá de la derrota militar de Hamás: ¿quién gobernará Gaza después y cómo se integrará ese futuro con Cisjordania y con una eventual solución política palestina?

El riesgo para Israel es sustituir la antigua política de “Hamás contenido” por otra de “Hamás debilitado”, sin resolver el problema político que permitió su permanencia.

¿Qué pretendía Hamás?

La denominada Operacion Inundación de Al-Aqsa buscaba algo mucho mayor que una incursión militar. Fuentes árabes de análisis permiten reconstruir objetivos que ya aparecían en discursos anteriores al 7-O.

En enero de 2023, STRATEGIECS analizó discursos de Haniyeh, Sinwar y al-Arouri e identificó como prioridades de Hamás Jerusalén, intensificación de la resistencia, liberación de prisioneros, ruptura del bloqueo y movilización del entorno palestino, árabe e islámico. La captura de israelíes para conseguir intercambios de prisioneros aparecía ya expresamente en esos discursos.

Objetivo Cálculo probable de Hamás
Rehenes Capturar numerosos militares y civiles para forzar un gran intercambio de prisioneros.
Golpear al Ejército Destruir la imagen de invulnerabilidad israelí y neutralizar la División Gaza.
Al-Aqsa Presentarse como defensor de Jerusalén y movilizar otros escenarios palestinos.
Romper el bloqueo Terminar con la lógica israelí de “calma a cambio de facilidades económicas”.
Regionalizar la crisis Extender la confrontación hacia Cisjordania y otros miembros del denominado Eje de la Resistencia.
Palestina Devolver la cuestión palestina al centro de una agenda regional dominada por la normalización árabe-israelí.

STRATEGIECS considera que uno de los objetivos militares esenciales era atacar las bases del perímetro, especialmente la División Gaza, y capturar tantos oficiales y soldados como fuera posible. Hamás esperaba que los rehenes dificultaran una invasión terrestre y obligaran a Israel a negociar.

Nova: un objetivo encontrado durante la operación

Las investigaciones disponibles introducen una precisión importante. La Comisión de Investigación de Naciones Unidas recoge la evaluación de los servicios israelíes de que los atacantes no conocían previamente la existencia del festival Nova y lo descubrieron durante la operación. Una vez localizado, sin embargo, civiles fueron deliberadamente asesinados y secuestrados. Al menos 364 asistentes murieron y alrededor de 40 fueron llevados a Gaza.

Esto sugiere que debemos distinguir planificación y ejecución. El colapso inesperadamente rápido de las defensas israelíes pudo permitir que distintas unidades de Hamas avanzaran mucho más allá de sus objetivos iniciales. El éxito táctico pudo superar incluso lo previsto por los planificadores.

Dos errores estratégicos que chocaron el 7-O

Aquí puede encontrarse una de las claves más importantes del informe. Israel pudo cometer un error de percepción sobre Hamás: pensó que gobernar Gaza, recibir recursos, beneficiarse de permisos laborales y enfrentarse a una superioridad militar abrumadora harían irracional una guerra de grandes dimensiones.

Hamás pudo cometer el error inverso: creer que la sensibilidad israelí ante sus muertos y rehenes, el temor a una invasión terrestre costosa y la apertura de otros frentes limitarían la respuesta.

STRATEGIECS considera que Hamás esperaba volver a una dinámica parecida a enfrentamientos anteriores y probablemente no anticipó la naturaleza y duración de la guerra que seguiría.

El 7-O puede entenderse así como el encuentro catastrófico de dos percepciones estratégicas equivocadas. Israel creyó que había conseguido contener a Hamás. Hamás creyó que podía infligir un golpe histórico, protegerse mediante los rehenes y modificar las reglas del conflicto sin provocar una guerra de las dimensiones que finalmente se produjo.

Los rehenes: convertir unas horas de ataque en años de conflicto

La captura masiva de civiles y militares israelíes no fue únicamente una consecuencia del ataque, sino una herramienta estratégica. Israel mantiene una profunda tradición relacionada con la recuperación de los cautivos. En 2011 liberó a Gilad Shalit a cambio de 1.027 prisioneros palestinos. Hamás conocía perfectamente esa sensibilidad. Mientras quedasen israelíes cautivos en Gaza, el 7 de octubre no terminaría completamente. Los rehenes complicaban además cualquier respuesta: una operación terrestre podía poner sus vidas en peligro; negociar fortalecía a Hamás; renunciar a recuperarlos era políticamente insoportable.

El 7-O como punto de ruptura

El 7 de octubre no creó todos los problemas de Israel. Encontró una sociedad dividida, un conflicto sin solución política, Gaza gobernada por Hamás, Cisjordania fragmentada, asentamientos en expansión y un sistema político crecientemente dependiente de fuerzas nacionalistas y religiosas, pero los transformó todos. Para Israel, representa una ruptura histórica y un trauma de seguridad. Para los palestinos, la guerra se inserta en una historia mucho más larga de ocupación, desplazamiento, pérdida territorial y ausencia de soberanía.

Más allá de la calificación jurídica de la guerra, existe una consecuencia difícilmente reversible: las generaciones que están creciendo entre muerte, destrucción, desplazamiento y pérdida familiar cargarán durante décadas con sus consecuencias psicológicas y sociales, Gaza es además población, territorio, acceso al mar y recursos. Frente a sus costas se encuentra Gaza Marine, mientras Israel ha desarrollado grandes yacimientos como Leviatán. El futuro palestino depende también de quién controle el territorio, el mar y unos recursos capaces de contribuir a una economía viable.

Las elecciones de 2026 no decidirán únicamente qué Gobierno quieren los israelíes. Pondrán también a prueba qué explicación aceptan sobre el 7-O, qué relación imaginan con los palestinos y qué Israel quieren construir después de tanta catástrofe.

Del fracaso de la contención a una nueva doctrina de seguridad

El 7 de Octubre no solo puso en cuestión la inteligencia y la estrategia seguida frente a Hamás. También parece haber acelerado una transformación más profunda de la Doctrina de Seguridad israelí. En octubre de 2026, el director del Institute for National Security Studies (INSS), Tamir Hayman, sostuvo que desde el 7-O Israel está actuando de hecho conforme a un nuevo concepto de seguridad, todavía no plenamente formalizado pero ya visible en la toma de decisiones. Pocos días después, Benjamin Netanyahu presentó públicamente varios de sus principios. Gobierno de Israel.

RECUERDOS…

En 1988 visité Israel. Recorrimos Tel Aviv, Masada, el Mar Muerto, Acre, Haifa, Safed, Samaria, Tiberíades, Belén y Jerusalén, entre otras ciudades. Recuerdo también una estancia en un kibutz, creo recordar ubicado en la zona de los Altos del Golán.

Aquel Israel me pareció un país tranquilo, muy diferente del que hoy aparece diariamente en las noticias por la guerra, la seguridad y sus profundas divisiones internas.

De aquel viaje recuerdo una escena sencilla. Nuestra guía llevaba en el coche un casete con “Mediterráneo”, de Serrat. Mientras recorríamos el país nos repetía algo que parecía importante para ella:

“Nosotros también somos Mediterráneo”.

Han pasado casi cuarenta años. El Israel de 2026 es extraordinariamente diferente del que conocí, pero aquel recuerdo permanece porque, detrás de gobiernos, fronteras, religiones, guerras y conflictos, existen sociedades y personas que también comparten espacios, culturas y memorias.

Ahora, mientras observo unas elecciones que pueden ayudar a definir el futuro, sigo recordando aquella carretera, aquella mujer y aquella canción.

Pedro Fuentetaja

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