Svalbard se posiciona como bisagra entre el Ártico y el Atlántico cuando las potencias mundiales compiten por derechos de paso y recursos estratégicos
Svalbard se posiciona como bisagra entre el Ártico y el Atlántico cuando las potencias mundiales compiten por derechos de paso y recursos estratégicos

La región ártica encierra ciertas notas de exotismo entre exploradores y aventureros, además de apasionados por la geografía. Resuenan en nuestras mentes aquellas exploraciones de finales del siglo XIX, como las del noruego Roald Amundsen, la expedición Polaris de 1871, orquestada por el gobierno estadounidense, o el viaje en globo del sueco Salomon August Andrée. El halo de misticismo en torno al él —inducido por leyendas sobre pueblos hiperbóreos, bárbaros y dioses, épicas historias de descubridores, adaptaciones cinematográficas como Against the ice (2022) y un clima hostil— se ha visto trocado por dos factores: el cambio climático y la geopolítica.
Situación climática crítica: la fusión del Polo
Distintos portales de monitoreo de la extensión de la superficie helada en esta región polar, como Meereis Portal, del Alfred Wegener Institut y la Universidad de Bremen, dan cuenta de la significativa reducción progresiva de la superficie gélida de este océano —a fecha de septiembre de 2026, mes en el que tradicionalmente se alcanza el registro mínimo de hielo, el Polo Norte geográfico de la Tierra se encuentra bañado por aguas desheladas—.

El anunciado colapso de este sistema ecológico supone el fin de un regulador natural del clima. La desaparición del manto gélido en verano conduce a una menor capacidad de recuperación del hielo en invierno, la alteración de un ecosistema regional único, un descenso notable de las tasas de reflexión de radiación solar mediante el efecto albedo y la puesta en jaque del sistema Tierra. Modelos predictivos como el CMIP6 anticipan, en el más pesimista de sus escenarios, un verano sin hielo en 2030; en el escenario intermedio, tal eventualidad se postergaría hasta 2040; y en el más optimista, uno en el que no se rebasaría la frontera de los 2ºC de aumento de la temperatura, el Ártico podría conservar algunas zonas heladas durante el verano.
Sin embargo, las potencias mundiales han encontrado en este colapso una oportunidad que obliga a dirigir el interés del análisis geopolítico hacia el Ártico, dado que en ningún otro momento de la historia de la humanidad este océano había sido tan accesible como lo es actualmente.
El Ártico en clave geopolítica
En los análisis sobre la geopolítica del Ártico, suelen salir a relucir las nuevas y más eficientes rutas comerciales —China ha estrenado este verano una ruta de tránsito estival de carácter semanal entre Ningbo y Rotterdam que reduce en 20 días el tiempo de viaje y los costes del mismo— y la obtención de recursos naturales estratégicos como las tierras raras: de acuerdo con el U.S. Geological Service, una parte significativa (oscilante cada año por la variación en las estimaciones) de las tierras raras del mundo se encontraría en los suelos árticos, principalmente en Groenlandia —un millón y medio de toneladas—, la costa boreal rusa y el archipiélago de Svalbard.
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