Marruecos 2026: transición interna, presión migratoria y crisis de Ceuta

La salud de Mohamed VI constituye desde hace tiempo una variable política relevante

Una crisis que debe analizarse más allá de la inmigración

Los acontecimientos registrados en Ceuta a finales de julio de 2026 constituyen uno de los episodios más graves ocurridos en la frontera hispano-marroquí de los últimos años. La magnitud de la movilización, su rápida difusión a través de las redes sociales y, especialmente, las diferencias entre la actuación de las autoridades marroquíes durante aquella crisis y el fuerte dispositivo desplegado ante la convocatoria del 15 de agosto plantean interrogantes que van más allá de la dimensión estrictamente migratoria.

La cuestión central no consiste necesariamente en determinar si Marruecos organizó el movimiento hacia Ceuta, algo para lo que actualmente no existe evidencia pública suficiente. La pregunta estratégica es más amplia: ¿qué conocían las autoridades marroquíes, cuándo lo conocieron, qué capacidad tenían para impedir la concentración y por qué esa capacidad parece haberse utilizado de forma mucho más contundente ante la convocatoria del 15 de agosto?

Esta cuestión adquiere mayor relevancia si la crisis se analiza simultáneamente con los movimientos que se están produciendo en el interior del sistema político marroquí, las incertidumbres sobre la salud de Mohamed VI, el creciente protagonismo del príncipe heredero Moulay Hassan y las relaciones de Marruecos con España y Argelia.

Mohamed VI y una transición que comienza a hacerse visible

La salud de Mohamed VI constituye desde hace tiempo una variable política relevante. Sus problemas médicos conocidos y la reducción de algunas de sus apariciones públicas han alimentado las especulaciones sobre la sucesión. Sin embargo, debe distinguirse entre las informaciones médicas confirmadas y los rumores sobre una eventual incapacidad del monarca, para los que no existen actualmente pruebas públicas concluyentes.

Más significativo desde una perspectiva política es el progresivo protagonismo del príncipe heredero Moulay Hassan. Durante 2026 se han multiplicado las señales de su incorporación a responsabilidades institucionales, diplomáticas y militares. No estamos necesariamente ante una crisis sucesoria, sino posiblemente ante una preparación gradual de la continuidad de la monarquía.

La cuestión relevante, por tanto, puede no ser quién sucederá a Mohamed VI —la línea sucesoria está claramente definida—, sino qué grupos y personalidades están ganando posiciones alrededor del futuro monarca. El Makhzen no es una estructura completamente homogénea: en torno al Palacio convergen la Casa Real, Interior, las Fuerzas Armadas, los servicios de seguridad e Inteligencia, las grandes estructuras económicas y empresariales y las redes de influencia vinculadas al Estado.

En una eventual transición, el equilibrio entre estos actores puede adquirir una importancia extraordinaria.

¿Existe alguna conexión con la crisis de Ceuta?

Por el momento no existe evidencia pública que permita establecer una relación causal entre la situación de Mohamed VI, los movimientos sucesorios y los acontecimientos de Ceuta. Vincular directamente ambos fenómenos sería especulativo.

Sin embargo, desde una perspectiva prospectiva resulta legítimo comprobar si coinciden determinados procesos.

La crisis de finales de julio se produjo después de una intensa movilización en redes sociales. Una investigación OSINT publicada posteriormente identificó una estructura horizontal de difusión y movilización, capaz de reorganizarse rápidamente y sin un mando único públicamente identificable. La propia Guardia Civil ha señalado respecto a la nueva convocatoria del 15 de agosto que no está acreditada su autoría ni existe evidencia que permita atribuírsela al Gobierno marroquí.

A ello, se añadió un elemento jurídico importante. El Tribunal Supremo español confirmó el 8 de julio que el rechazo en frontera previsto en la legislación española no permite las denominadas devoluciones en caliente de quienes intentan alcanzar Ceuta o Melilla a nado por el mar. La decisión adquirió inmediatamente una enorme trascendencia práctica y comunicativa.

Marruecos sostuvo posteriormente que había advertido a España sobre las posibles consecuencias de esta resolución para la cooperación migratoria.

Se creó así una combinación particularmente peligrosa: una resolución judicial susceptible de ser interpretada de manera simplificada como una oportunidad para entrar en territorio español, redes sociales capaces de difundir masivamente ese mensaje, una población joven vulnerable a estas expectativas y una frontera cuya eficacia depende en buena medida de la cooperación entre España y Marruecos.

La diferencia del 15 de agosto

La actuación marroquí ante la convocatoria del 15 de agosto introduce, sin embargo, una cuestión fundamental para el análisis. Marruecos ha desplegado esta vez un dispositivo extraordinario de prevención, estableciendo controles mucho antes de la frontera, interceptando desplazamientos hacia Castillejos, reforzando las barreras, desplegando fuerzas de seguridad y dificultando que posibles participantes puedan siquiera aproximarse a Ceuta.

La comparación entre ambos acontecimientos demuestra que Marruecos dispone de una considerable capacidad de anticipación y contención cuando decide movilizarla plenamente.

Esto no demuestra que Rabat permitiera deliberadamente la crisis de finales de julio. Pueden existir otras explicaciones: infravaloración inicial del fenómeno, sorpresa operativa, errores de inteligencia, saturación de los dispositivos o una combinación de todos ellos.

La OPE: una coincidencia estratégica especialmente importante

Existe además un factor que no debería pasar inadvertido: todo esto ha ocurrido en plena Operación Paso del Estrecho (OPE) 2026, una de las mayores operaciones logísticas y de cooperación bilateral que España y Marruecos desarrollan cada año.

España y Marruecos habían reforzado expresamente su coordinación para la OPE 2026 ante la previsión de un nuevo récord de desplazamientos. La operación requiere coordinación permanente entre autoridades portuarias, policías, protección civil, transportes y administraciones de ambos países.

La coincidencia resulta especialmente significativa porque la OPE constituye, en la práctica, una infraestructura estratégica de interdependencia entre España y Marruecos. Millones de ciudadanos marroquíes y de otros países europeos atraviesan España y el Estrecho durante el verano para desplazarse hacia el norte de África y posteriormente regresar a Europa.

Precisamente durante la crisis de finales de julio, el tráfico marítimo relacionado con la OPE entre Algeciras y Ceuta continuó funcionando, pese a la extraordinaria presión existente en la ciudad autónoma.

Esto introduce una aparente paradoja: mientras la frontera de Ceuta sufría una crisis extraordinaria, España y Marruecos tenían que mantener simultáneamente uno de sus mayores mecanismos anuales de cooperación operativa.

Para ambos gobiernos existía, por tanto, un fuerte incentivo para impedir que la crisis migratoria terminara contaminando el conjunto de las relaciones bilaterales.

Argelia: la otra variable regional

La dimensión regional tampoco puede ignorarse. El Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, había viajado oficialmente a Argel el 20 de julio, pocos días antes de los acontecimientos de Ceuta. La visita tenía entre sus objetivos fortalecer las relaciones con Argelia y abordar cuestiones económicas y energéticas.

Para Marruecos, cualquier aproximación entre Madrid y Argel tiene una sensibilidad especial debido a la rivalidad estratégica entre Marruecos y Argelia, particularmente alrededor del Sáhara Occidental.

El Gobierno español ha rechazado públicamente que exista relación entre el viaje de Sánchez a Argelia y los acontecimientos posteriores en Ceuta, insistiendo en el buen estado de las relaciones con Rabat.

Aunque no pueda demostrarse una relación causal, la coincidencia temporal merece figurar como variable en un análisis prospectivo.

Ceuta y Melilla reaparecen en el discurso marroquí

Otro acontecimiento posterior aumenta el interés geopolítico de la crisis. El ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, ha reiterado públicamente que Marruecos mantiene su reivindicación sobre Ceuta y Melilla y que la cuestión continúa planteándose en los contactos con España. Al mismo tiempo, Ouahbi ha negado que Marruecos utilice la inmigración como instrumento de presión.

La proximidad temporal entre la crisis migratoria y estas declaraciones no demuestra que ambas respondan a una misma estrategia, pero recuerda que Ceuta y Melilla no son para Rabat únicamente fronteras migratorias. Forman parte también de una reivindicación territorial histórica y, por tanto, de la relación estratégica entre ambos Estados.

Hipótesis de trabajo

La primera posibilidad es que estemos fundamentalmente ante un fenómeno migratorio y social amplificado por las redes, favorecido por la interpretación de la sentencia española y por las expectativas de miles de jóvenes. Esta hipótesis dispone de importantes elementos objetivos que la respaldan.

Una segunda posibilidad es que Marruecos conociera anticipadamente la magnitud del movimiento y no empleara inicialmente toda su capacidad de contención, permitiendo que la presión sobre España aumentara.

Una tercera contempla que los reajustes internos dentro del Makhzen, en un momento en el que se prepara progresivamente al príncipe heredero para mayores responsabilidades, pudieran haber generado problemas de coordinación entre instituciones. Actualmente tampoco existen evidencias suficientes para sostener esta explicación.

La cuarta, posiblemente la más interesante como hipótesis de investigación, sería una combinación de factores: un movimiento surgido fundamentalmente desde abajo, difundido por redes sociales y alimentado por circunstancias jurídicas y sociales, que posteriormente pudo ser conocido, tolerado temporalmente o instrumentalizado por diferentes actores.

En resumen, la crisis de Ceuta no debería interpretarse exclusivamente como un episodio migratorio. Se produce en un momento especialmente sensible para Marruecos: incertidumbre sobre la salud del monarca, creciente protagonismo de Moulay Hassan, posibles reajustes dentro del Makhzen, rivalidad estructural con Argelia, normalización hispano-argelina y persistencia de la reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla.

A ello se añade una circunstancia particularmente significativa: la crisis coincide con la Operación Paso del Estrecho, precisamente cuando España y Marruecos necesitan alcanzar uno de sus mayores niveles anuales de cooperación policial, portuaria, administrativa y logística.

El contraste entre la capacidad de contención demostrada por Marruecos el 15 de agosto y lo sucedido a finales de julio constituye posiblemente el principal interrogante estratégico, eso nos lleva a hacernos la pregunta:

¿Fue la crisis de Ceuta un fenómeno social que desbordó temporalmente al Estado marroquí, o un fenómeno conocido por sus autoridades cuya contención se moduló en función de intereses políticos, internos o exteriores?

Responder a esta pregunta exige observar no solamente la frontera, sino el interior del Makhzen. Ahí puede encontrarse la clave para determinar si estamos ante acontecimientos independientes o ante las primeras manifestaciones de un periodo de reajuste más profundo del poder marroquí.

Pedro Fuentetaja

Quizá también te guste

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Contáctanos

Pide información o cuéntanos lo que te parezca interesante.

Síguenos

Encuéntranos en redes sociales

© Inteligencia Geopolítica 2026

Scroll al inicio