Rusia cuenta con un plan nacional para el desarrollo en materia de IA, con objetivos a 5 y 10 años
Rusia cuenta con un plan nacional para el desarrollo en materia de IA, con objetivos a 5 y 10 años

Dentro de las distintas dinámicas de la geopolítica de la tecnología, hay un enfrentamiento que actualmente acapara todos los titulares mediáticos: la batalla por el dominio de la Inteligencia Artificial. Tanto actores estatales como no estatales están enzarzados en una carrera por el desarrollo revolucionario de este recurso tecnológico y su aprovechamiento. De hecho, esta lucha es una de las aristas clave en el enfrentamiento por la hegemonía mundial entre Estados Unidos y China.
Desde 2018, en las estrategias de defensa nacional norteamericanas, el uso de la IA se ha posicionado como un tema prioritario a fortalecer. China, por su parte, es la principal competencia a los estadounidenses, destinando también grandes cantidades de capital y recursos humanos para invertir en dicha tecnología. Ambos Estados se están llevando el protagonismo general cuando hablamos de IA y defensa, pero, hay un tercero que ya podría estar poniéndola a prueba en campos de batalla reales.
Este tercer actor es Rusia. Es cierto que su desarrollo tecnológico en este campo está aún a una distancia considerable de alcanzar a chinos y estadounidenses. Aun así, el presidente ruso Vladimir Putin ya era consciente del valor de la IA en dispositivos militares, afirmando en 2017 que “quien se convierta en líder de esta esfera, gobernará el mundo”.
Por ello, Rusia cuenta con su propio plan nacional para la investigación, desarrollo, pruebas y evaluación en materia de IA, orientado hacia objetivos a 5 y 10 años. El Kremlin está tratando de mejorar sus conocimientos especializados en IA, la formación, los conjuntos de datos, infraestructura y normativa. Moscú considera esta tecnología como un multiplicador de fuerzas capaz no solo de mejorar los sistemas de armas autónomos y los mecanismos de mando y control, sino también la recopilación de inteligencia y procesos de toma de decisiones derivados de la obtención de material de alto secreto.
En cuanto a estos últimos, Moscú está tratando activamente de aprovechar la IA para sistemas de vigilancia y selección de objetivos, entre otros usos. Hasta el momento, se desconoce la cuantía exacta que Rusia pretende invertir en I+D+i en IA, dado que tampoco se conoce el presupuesto de Defensa ruso, aunque podría ser significativa debido al elevado valor actual de la IA. A pesar de esto, lo que parece estar ocurriendo en el frente ucraniano es apenas el primer conjunto de resultados de las inversiones y pruebas que el Kremlin ha estado llevando a cabo durante los últimos años.
El Ministerio de Defensa ruso ha difundido vídeos de ataques con drones Geran-4 “Seeker”, equipados con visión artificial, contra buques mercantes en puertos ucranianos del mar Negro. Según esta narrativa, procedente exclusivamente de fuentes rusas y por tanto no verificable de forma independiente, estos aparatos operan sin necesidad de guía humana constante y son capaces de discriminar blancos mediante el reconocimiento de patrones visuales, lo que acortaría de forma significativa el ciclo de decisión militar.
En el plano industrial, la corporación estatal Rostec anunció en abril de 2026 el desarrollo de un sistema que permitiría a varios vehículos aéreos no tripulados operar conectados entre sí, compartiendo información en tiempo real, de modo que cada unidad pudiera detectar un objetivo y transmitirlo automáticamente al resto de la red para ejecutar ataques coordinados de tipo enjambre. Se trata, aun así, de un anuncio de la industria de defensa rusa, sin verificación independiente sobre su despliegue operativo real ni sobre su empleo efectivo en incursiones contra Europa.
El ministro de Defensa ruso, Andréi Beloúsov, confirmó además que el país trabaja de forma activa en sistemas de defensa antiaérea basados en Inteligencia Artificial, orientados a responder a los enjambres de drones de bajo coste que caracterizan la guerra en Ucrania, con resultados que Moscú preveía para antes de noviembre de 2026.
No obstante, es necesario matizar el nivel de madurez tecnológica real de estas capacidades. La formación de enjambres maduros de decenas o cientos de drones en los que cada unidad se coordina de forma autónoma con sus vecinos sin intervención humana todavía requeriría entre dos y tres años de desarrollo adicional.
Esto se debe principalmente a las limitaciones de las redes de malla necesarias para que grupos numerosos de drones compartan datos de forma fiable en un entorno de guerra electrónica intensa. Esta valoración se aplica tanto a los programas rusos como a los ucranianos, y sitúa en perspectiva los anuncios más triunfalistas de la industria de defensa de ambos países.
El uso de Inteligencia Artificial por parte de Rusia está mucho mejor documentado en el propio conflicto contra Ucrania que en las incursiones sobre territorio de la OTAN. Es cierto que Rusia lleva dirigiendo una campaña coordinada de incursiones de drones sobre el espacio aéreo de al menos trece países europeos desde 2024, con fines de vigilancia y de sondeo de las defensas aliadas.
Sin embargo, esa coordinación es aún basada en planificación de inteligencia y logística humana, como el uso de buques de la conocida como “flota fantasma” como plataformas y, por lo tanto, no evidencia un sistema de inteligencia artificial que gobierne la navegación o las decisiones de los drones en vuelo sobre territorio de la OTAN.
La Inteligencia Artificial que sí se está desplegando de forma verificable en el contexto europeo actual está, sobre todo, del lado defensivo: los sistemas de detección y neutralización anti-drones que impulsan la OTAN (Proyecto Eastern Sentry) y la Unión Europea, mediante el Plan de Acción 2026 y el proyecto EDDI del “muro de drones”.
A pesar de ello, el hecho de que se puedan observar enjambres impulsados por IA operando de forma rutinaria sobre suelo europeo es ya considerado como una amenaza emergente y probable a medio plazo, pero todavía no un hecho confirmado.
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