¿Qué ocurre cuando democracias complejas dejan atrás el bipartidismo y la identidad comienza a pesar tanto como la ideología?
¿Qué ocurre cuando democracias complejas dejan atrás el bipartidismo y la identidad comienza a pesar tanto como la ideología?

India y España parecen incomparables, pero comparten una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando democracias complejas dejan atrás el bipartidismo y la identidad comienza a pesar tanto como la ideología?
A primera vista, comparar la República de la India con el Reino de España puede parecer un ejercicio de desproporción. Con más de 1500 millones de habitantes frente a 49 millones, la India opera a una escala demográfica casi inabarcable. Sin embargo, en el plano estrictamente institucional y sociopolítico, ambas naciones comparten dos factores estructurales determinantes: son democracias extraordinariamente heterogéneas, articuladas sobre sistemas parlamentarios descentralizados, y ambas han experimentado la erosión del bipartidismo tradicional descentralizado.
El mapa político indio surtido tras las últimas elecciones legislativas al Lokh Sabha (Cámara baja) de 2024 ofrece un espejo fascinante para el observador español. El gobernante Bharatiya Janata Party (BJP) o «Partido del Pueblo Hindú», liderado por Narendra Modi, representa un nacionalismo identitario de derechas que promueve la ideología del «Hindutva», es decir, la supremacía de la cultura hindú como eje del Estado.
Si trazásemos una analogía con el espectro político español, un gobierno hegemónico del BJP alineado con la retórica ideológica de Vox y la implantación territorial del Partido Popular ofrecería un trasfondo similar al que vive Nueva Delhi. No obstante, al igual que ocurre en el Congreso de los Diputados español desde la conformación de Gobierno por parte del PSOE, el rodillo ideológico de la derecha se ha topado con el límite de las urnas y la ineludible necesidad de pactar con partidos regionales cuando no nacionalistas de su territorio para mantener el poder.
En España la gobernabilidad de las últimas décadas, tanto del PSOE como del PP, ha dependido frecuentemente de pactos de investidura y de legislatura con fuerzas catalanas (ERC, Junts), vascas (PNV, EH Bildu) o gallegas (BNG).
En la India, el BJP pasó de ser un partido de mayoría absoluta (2014 – 2024) —como en España pasó tanto con el PSOE como con el PP en su momento— a que Modi se viera obligado a regresar a la realidad histórica de la política india, teniendo que pactar con partidos regionales al tiempo que frenaba los discursos más radicales del Hindutva.
A modo de recuerdo, el asesino de Gandhi era militante de RSS (Rastriya Swayamsevak Sangh o Asociación de Voluntarios Nacionales) un movimiento ideológico y cultural supremacista hindú muy radicalizado que fue el núcleo fundador del BJP. Y en dicho movimiento militó Modi de joven. Cabe destacar que la plataforma de partidos cuyo motor y eje central lo compone el BJP bajo las siglas NDA (National Democratic Alliance) se compone de 40 partidos.
El paralelismo entre la gestión de la gobernabilidad en Madrid y en Nueva Delhi es evidente: el BJP y su Alianza necesita inevitablemente los escaños de dos partidos regionalistas: el Janata Dal (Partido del Pueblo), un partido implantado en el norte de la India, en el Estado de Bihar, y los del Telugu Desam Party (Partido del Pueblo Telugu) en Andhra Pradesh, en el sur. Es el estado, por cierto, en el que vivió y murió Vicente Ferrer, compatriota entregado a la labor social.
Estos partidos regionales y periféricos, como en España, no comparten para nada la agenda nacionalista hindú del BJP y sus aliados ultras en el NDA. Son formaciones de corte pragmático y centrista, preocupadas en conseguir transferencias financieras, inversiones en infraestructuras y autonomía administrativa para sus estados. El papel que juegan el Janata Dal y el Telugu Desam Party en el parlamento indio es directamente análogo al que históricamente han desempeñado fuerzas como el PNV o la antigua CIU y sucesores en España.
El gobierno de Delhi, aunque centralista y de derechas se ve forzado a matizar su tono y a redistribuir recursos públicos a las periferias a cambio de estabilidad en la capital.
El segundo gran eje de comparación reside en cómo la política migratoria y su definición de ciudadanía son utilizadas por las fuerzas gubernamentales para afianzar su base electoral identitaria. En este ámbito India aprobó la controvertida Citizenship Amendment Act (Ley de Ciudadanía) en 2019. La Citizenship Act abre la vía acelerada para la obtención de la ciudadanía india a los refugiados e inmigrantes que hayan entrado en el país huyendo de la persecución religiosa en tres países vecinos de mayoría musulmana intolerantes religiosa y políticamente: Afganistán, Pakistán y Bangla Desh.
La ley ampara explícitamente a minorías religiosas: hindúes, sikhs, budistas, jainistas, parsis y cristianos.
La gran controversia de esta ley y la razón por la que ha provocado protestas multitudinarias en la India y críticas internacionales es la discriminación por omisión: excluye explícitamente a los solicitantes de asilo de confesión musulmana como los rohingyas de Myanmar o minorías perseguidas dentro del propio Islam. Las minorías musulmanas interpretan esta ley como una forma de fortalecer el Hindutva, el nacionalismo hindú, y arrinconar a los musulmanes.
Aunque en España la retórica sobre inmigración de la derecha identitaria comparte elementos con el BJP como la protección obsesiva del sustrato cultural tradicional frente a influencias externas y la seguridad de las fronteras, hay diferencias importantes, pues las leyes españolas ni discriminan en la acogida por razones de procedencia o la causa de la persecución.
Lo que sí comparten ambas derechas, la nacionalista hindú y la española, es el incentivar el miedo frente a la pérdida de identidad nacional —teoría del remplazo en Europa—.
En resumen, ambas políticas parlamentarias se parecen más de lo que tiende a pensarse, a pesar de hallarse en extremos del globo y enmarcarse en contextos étnicos, culturales y religiosos tan dispares.
Por último, comparten un tercer factor a tener en cuenta: tanto el Reino de España como la República de la India, son países democráticos que participan de sistemas electorales plenos, una prensa libre, y una separación de poderes, teniendo ambos países vecinos incómodos con regímenes dictatoriales como Marruecos y Pakistán, respectivamente causantes de múltiples tensiones.
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Mario Coll es escritor, indiólogo, lingüista, profesor y psicoanalista. Ha residido durante 7 años en la India.

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