Inteligencia Geopolítica

Federación de Rusia: elecciones legislativas de 2026 (Parte 1)

En un año marcado por las elecciones a la Duma Estatal, Rusia afronta una reafirmación política e identitaria, donde el consenso interno prevalece sobre la competencia y la identidad nacional vertebra el sistema

Las elecciones legislativas de Rusia se celebrarán el 20 de septiembre para renovar los 450 escaños de la Duma Estatal, órgano que constituye el núcleo del poder legislativo del país, para el periodo 2026 – 2031. La mayoría absoluta se sitúa en 226 escaños. En la actualidad, Rusia Unida es el partido gobernante tras imponerse en las elecciones legislativas de 2021 con el 49,8% de los votos y obtener 324 diputados.

Esta convocatoria se produce en un contexto político, social y geoestratégico de gran complejidad, tanto a nivel interno como internacional, y representa un momento clave para evaluar la evolución del sistema político ruso en el siglo XXI.

Vladimir Putin, figura central de la política rusa, no es candidato en estas elecciones, ya que el 20 de septiembre únicamente se renueva la Duma Estatal. El presidente fue reelegido en las elecciones celebradas en marzo de 2024, iniciando un mandato de seis años. Además, la reforma constitucional de 2020 reinició el cómputo de sus mandatos presidenciales, permitiéndole concurrir, si así lo decide, a dos nuevos mandatos de seis años, lo que le permitiría permanecer en el cargo hasta 2036.

Demografía

Rusia tiene una población de unos 143 millones de habitantes, de los que están registrados para votar más de 110. El país ocupa el noveno puesto entre los Estados más poblados del mundo y presenta una densidad demográfica de apenas 9 habitantes por Km2, una de las más bajas a escala global, a pesar de contar con el territorio más extenso del planeta (17,07 millones de Km2).

Aunque en años anteriores Rusia había experimentado una cierta afluencia de migrantes, desde 2022 se observa un saldo migratorio negativo, lo que ha contribuido al descenso de la población. El conflicto en Ucrania ha intensificado la emigración y ha tenido un impacto directo en la natalidad, con una reducción de los nacimientos.

La distribución de la población rusa es muy desigual. Aproximadamente el 75% de los habitantes se concentra en la parte europea del país, mientras que amplias zonas de Siberia y del Lejano Oriente presentan una baja densidad de población y un acusado proceso de despoblación. A ello se suma una estructura demográfica caracterizada por una pirámide regresiva, propia de los países con baja natalidad y envejecimiento progresivo.

La disminución de la población joven y la baja tasa de fecundidad constituyen uno de los principales desafíos estratégicos de Rusia, con implicaciones para el mercado laboral, la sostenibilidad del sistema de bienestar, la disponibilidad de personal para las Fuerzas Armadas y el desarrollo económico. Por ello, las autoridades rusas consideran la evolución demográfica una cuestión de seguridad nacional.

Principales partidos políticos

Las principales fuerzas políticas con representación parlamentaria que concurren a las elecciones legislativas son: Rusia Unida, presidido por Dmitri Medvédev (formación gobernante y principal apoyo de Vladimir Putin). Partido Comunista de la Federación de Rusia (KPRF), dirigido por Guennadi Ziugánov, Partido Liberal Democrático de Rusia (LDPR), presidido por Leonid Slutski, Rusia Justa–Por la Verdad, liderado por Serguéi Mirónov y Gente Nueva, presidido por Alekséi Necháiev.

La Duma Estatal está integrada por 450 diputados, elegidos para un mandato de cinco años mediante un sistema electoral mixto o paralelo, en el que 225 diputados serán elegidos mediante listas de partido por representación proporcional, mientras que los otros 225 lo serán a través de circunscripciones uninominales, siguiendo el modelo vigente desde 2016.

La campaña se desarrolla en un contexto marcado por la continuidad de la guerra en Ucrania, el enfrentamiento estratégico con Occidente, la adaptación de la economía a las sanciones internacionales y el debate sobre el futuro del desarrollo económico y demográfico de Rusia.

Marco político e institucional

La Federación de Rusia es una república federal semipresidencial, en la que el presidente de la República ocupa una posición predominante. Aunque la Constitución establece la separación de poderes y la existencia de instituciones representativas, en la práctica el poder ejecutivo desempeña un papel central en la dirección política del Estado.

Desde comienzos del siglo XXI, el sistema político ruso ha evolucionado hacia un modelo de fuerte centralización del poder y amplia capacidad de coordinación desde el Kremlin. En este contexto, la Duma Estatal desempeña un papel fundamental como cámara legislativa, aprobando las principales leyes del Estado y ejerciendo funciones de control previstas en la Constitución, pero la coincidencia con los objetivos gubernamentales hace que la actividad legislativa esté estrechamente vinculada a las prioridades del ejecutivo.

Por ello, estas elecciones no pueden interpretarse desde la óptica de las democracias occidentales. La cultura política rusa responde a una tradición histórica diferente, marcada por la continuidad del Estado, el peso de la autoridad central y una concepción de la soberanía que otorga prioridad a la estabilidad sobre la alternancia política.

Comprender esta diferencia resulta imprescindible para analizar con rigor el funcionamiento del sistema político ruso y las dinámicas que explican su evolución.

“Rusia no pretende ser una democracia liberal occidental; aspira a ser un Estado-civilización.»

Ese concepto aparece cada vez con más frecuencia en los discursos de dirigentes e intelectuales rusos. La idea es que Rusia no se define únicamente como un Estado nacional, sino como una civilización con una trayectoria histórica propia, con una misión diferenciada y un espacio geográfico singular.

Economía, sociedad y territorio

A nivel interno, Rusia afronta las elecciones en un contexto de resiliencia económica condicionada. A pesar de las sanciones internacionales y las restricciones al comercio exterior, el país ha desarrollado mecanismos de adaptación basados en la diversificación de socios, el fortalecimiento del sector energético y una mayor orientación hacia Asia, Oriente Próximo y el Sur Global.

Desde el punto de vista territorial, la Federación de Rusia presenta una estructura altamente heterogénea, con profundas diferencias económicas, demográficas y culturales entre sus regiones. Moscú y San Petersburgo concentran gran parte de la actividad económica, financiera, tecnológica y cultural del país, mientras que numerosas regiones industriales, repúblicas étnicas, territorios del Ártico, Siberia y amplias zonas rurales dependen en gran medida de las transferencias del presupuesto federal. Esta diversidad territorial constituye uno de los principales retos para la gobernanza del Estado ruso.

Rusia como «Estado-civilización»: una clave para comprender su política actual

Para comprender la Rusia contemporánea es necesario tener en cuenta que una parte importante de la élite política e intelectual rusa interpreta el Estado, la soberanía y el orden internacional desde una tradición histórica y estratégica propia. En este contexto ha adquirido una importancia creciente el concepto de «Estado-civilización», una idea presente de forma recurrente en los discursos oficiales y en numerosos documentos estratégicos rusos.

Desde esta perspectiva, Rusia no se concibe únicamente como un Estado nacional delimitado por unas fronteras o definido por un sistema político determinado. Se presenta como una civilización histórica, con identidad propia, formada por una gran diversidad de pueblos, religiones y culturas, unidas por una experiencia histórica común y por un Estado fuerte capaz de garantizar su cohesión. Esta visión sitúa la continuidad del Estado, la soberanía y la estabilidad como valores prioritarios.

Esta concepción hunde sus raíces en la formación y consolidación del Principado de Moscú entre los siglos XIII y XVI y atraviesa posteriormente el Imperio ruso y la Unión Soviética. A lo largo de este proceso histórico, las autoridades han considerado que la inmensidad del territorio, la diversidad étnica y las repetidas invasiones sufridas desde Occidente y Asia exigían un poder central sólido para preservar la unidad y la seguridad del país.

En consecuencia, el Estado no se entiende únicamente como una estructura administrativa, sino como el principal garante de la supervivencia nacional.

Tras la desaparición de la Unión Soviética en 1991, esta visión adquirió un nuevo significado para una parte importante de las élites rusas: aquel proceso supuso no solo la pérdida de un sistema político, sino también la fragmentación de un espacio histórico y geopolítico construido durante siglos.

La ampliación de la OTAN y de la Unión Europea hacia el este reforzó la percepción de que Rusia estaba perdiendo profundidad estratégica e influencia sobre territorios considerados fundamentales para su seguridad.

En este contexto, la llegada de Vladimir Putin al poder marcó el inicio de un proceso de reconstrucción del Estado. La prioridad dejó de ser únicamente la recuperación económica tras la crisis de los años noventa y pasó a centrarse también en la restauración de la capacidad del Estado para ejercer autoridad sobre el conjunto del territorio, fortalecer las instituciones federales y recuperar el peso internacional de Rusia.

Desde esta óptica, la estabilidad política constituye un objetivo prioritario. A diferencia del modelo liberal occidental, donde la alternancia en el poder suele considerarse un elemento esencial del sistema democrático, una parte significativa del pensamiento estratégico ruso concede mayor importancia a la continuidad institucional, la eficacia del Estado y la preservación de la unidad nacional. Las elecciones se interpretan principalmente como un mecanismo de legitimación y renovación institucional, más que como una confrontación permanente entre modelos políticos alternativos.

La guerra de Ucrania ha reforzado esta visión. El discurso oficial presenta el conflicto como una confrontación de carácter existencial entre Rusia y un bloque occidental que, según esta interpretación, pretende limitar su autonomía estratégica y reducir su capacidad de influencia internacional.

Conceptos como soberanía, resiliencia, autosuficiencia, patriotismo y seguridad nacional ocupan un lugar central en el debate político y en la campaña electoral.

Esta narrativa condiciona profundamente la relación de Rusia con Europa. La Unión Europea se concibe a sí misma como un proyecto político basado en la integración supranacional, el Estado de derecho, la democracia liberal y la cesión compartida de determinadas parcelas de soberanía. Frente a esta concepción, una parte significativa de la élite política e intelectual rusa sostiene que ese modelo responde a una experiencia histórica propia de Europa Occidental y que, por tanto, no puede considerarse un patrón político universal aplicable de manera uniforme a sociedades con trayectorias históricas, culturales y estratégicas diferentes.

Desde esta perspectiva, las diferencias entre Rusia y la Unión Europea no se explican únicamente por conflictos de intereses o desacuerdos políticos coyunturales. Reflejan también, en buena medida, concepciones distintas sobre la naturaleza del Estado, los límites de la soberanía, la relación entre individuo y poder político, el significado de la seguridad y la organización del orden internacional. Esta divergencia de fondo ayuda a comprender por qué determinadas cuestiones que Bruselas interpreta principalmente en términos de normas, derechos y cooperación supranacional son percibidas desde Moscú también como problemas de soberanía, equilibrio de poder, autonomía estratégica y seguridad del Estado.

En definitiva, el concepto de Estado-civilización constituye una de las principales claves para comprender la evolución política de la Federación de Rusia durante las últimas dos décadas. Sin asumir necesariamente esta interpretación, conocerla permite entender mejor la lógica que inspira muchas de las decisiones del Kremlin, el funcionamiento de sus instituciones y la forma en que una parte importante de las élites rusas interpreta el papel del país en el mundo.

Epílogo

Desde el corazón de la estepa, donde el frío canta y el fuego del alma nunca se apaga, nace una melodía que corre como el viento entre abedules y estrellas.
Ríe, gira y se enciende la noche…
¡Que suene fuerte el canto del pueblo, que florezca la pasión rusa!
Porque cuando vibra la voz y late la tierra, solo hay un nombre que llama al baile:

¡Kalinka, Kalinka, Kalinka mía!

Pedro Fuentetaja

Quizá también te guste

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Contáctanos

Pide información o cuéntanos lo que te parezca interesante.

Síguenos

Encuéntranos en redes sociales

© Inteligencia Geopolítica 2026

Inicia sesión

¿Todavía no te has suscrito?

Suscríbete y accede a todos los análisis y contenidos exclusivos de Inteligencia Geopolítica.

Scroll al inicio