Panorama general de la geopolítica de Oceanía

La mayoría de los Estados insulares siguen considerando a Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos como socios principales en materia de cooperación en seguridad, economía y desarrollo

JUAN JOSÉ TERRERO CARROBLES | Madrid

7 de agosto de 2025

Cuando damos vueltas a un globo terráqueo u observamos un mapamundi, nuestras miradas suelen ir a parar a los rincones del mundo más remotos. Uno de ellos es la enorme masa azul del océano Pacífico, donde, si nos alejamos de China y el sudeste asiático, nos topamos con un gran conjunto de archipiélagos e islas. Al estar al lado de Australia y Nueva Zelanda, recordamos que son parte de Oceanía, uno de los continentes que nos tocó aprender en el colegio. Pero, más allá de eso, ¿qué se puede decir de esta área del planeta? ¿Tiene alguna importancia estratégica en el panorama geopolítico? Comprobémoslo.

¿Qué es Oceanía?

Oceanía es una región geográfica que incluye miles de islas dispersas en la mayor parte del océano Pacífico. Su superficie total se estima entre 8,1 y 9 millones de kilómetros cuadrados, con una extensión territorial máxima de aproximadamente 9500 kilómetros desde Perth (Australia) hasta Tahití (Polinesia Francesa) y una vertical de 6300 kilómetros desde Auckland (Nueva Zelanda) hasta la isla de Guam. Dicha región está dividida en cuatro subregiones: Australasia, Melanesia, Micronesia y Polinesia.

Teniendo en cuenta que la mayor parte de su superficie se encuentra bajo las aguas del Pacífico, el porcentaje de la superficie terrestre se estima en un 5,3% del total de la región. Por lo tanto, no es de extrañar que nos podamos preguntar si Oceanía es realmente un continente o no.

La consideración de Oceanía como un continente varía dependiendo de la perspectiva de los demás Estados del mundo. La mayoría de los países anglófonos considera a Australia (no refiriéndose solamente al país, sino a la suma entre Australia y la isla de Nueva Guinea) como un continente, mientras que reconoce a Oceanía como una región que abarca Australia, Nueva Zelanda y las demás islas que se encuentran dentro de las mencionadas cuatro subregiones. No obstante, en la mayoría de países no anglófonos Oceanía se considera como un “continente insular”, siendo la suma de todas las masas terrestres y sus islas circundantes.

Otra duda que suele surgir en la delimitación de Oceanía es dónde se encuentra su separación de Asia. La referencia que se toma es la conocida como Línea de Wallace, la cual pasa por el archipiélago indonesio, concretamente entre las islas de Bali y Lombok y a través del Estrecho de Macasar entre las islas de Borneo y las Célebes. Esta no es solo una línea imaginaria, sino que se corresponde con la fosa de Wallace, una sima entre las placas tectónicas de La Sonda, Banda y Timor.

Entonces, todo lo que queda al oeste de la Línea de Wallace (exceptuando las islas más orientales de Indonesia) es considerado como parte de Asia, mientras que los países del Pacífico desde Papúa Nueva Guinea hacia el este ya son parte de Oceanía.

Los Estados y territorios de Oceanía

Para comprender las distintas claves geopolíticas y geoestratégicas de esta región, es necesario observar primero qué islas y archipiélagos se constituyen como Estados independientes y cuáles son territorios dependientes de otras Administraciones estatales. Respecto a los primeros, hay que considerar la existencia de 14 países soberanos entre los cuales se encuentran Australia, Nueva Zelanda y los Estados insulares del Pacífico, todos ellos mencionados en la siguiente tabla.

Respecto a los territorios dependientes, hay que distinguir dos tipos. El primero comprende aquellas islas o archipiélagos bajo la administración de otro Estado cuyo principal territorio se encuentre en Oceanía. Estos son, por un lado, los casos de las Islas Norfolk, de Cocos o Keeling, Christmas, el Territorio de Ashmore y Cartier, y las Islas del Mar del Coral (bajo soberanía australiana), y, por otro lado, los de Tokelau, las Islas Cook y Niue (bajo soberanía neozelandesa bajo un régimen de autonomía libre-asociada).

El segundo tipo de territorios dependientes está constituido por aquellos que se hallan bajo las administraciones de Estados cuyo territorio principal no se encuentra en Oceanía. Esta es la coyuntura presente en la Isla de Pascua o Rapa Nui que, a pesar de estar ubicada geográficamente en la Polinesia, es políticamente dependiente de Chile.

Las islas de Nueva Caledonia, Polinesia Francesa, Wallis y Futuna, parte de Francia, se consideran Régions o Collectivités d’Outre-mer (Regiones o Colectividades de Ultramar, en francés). Estas islas tienen un estatus de autogobierno a nivel administrativo y legislativo, aunque las materias de defensa, justicia y moneda siguen bajo control francés.

Es de destacar las significativas tensiones locales que se producen recurrentemente en estas dependencias de ultramar. En Nueva Caledonia, el movimiento independentista tiene una gran influencia, con tensiones e incidentes violentos ocasionales. A pesar de que se han realizado varios referéndums por la independencia, la población aún rechaza esta vía a día de hoy. En la Polinesia Francesa, el movimiento independentista perdió fuerza debido al cierre de los sitios de ensayo nuclear utilizados por París, aunque todavía hay reclamaciones por daños ambientales.

Estados Unidos también tiene presencia territorial en el Pacífico. En primer lugar, destaca el archipiélago de Hawái, constituido como el estado federado número 50. Por otro lado, los demás figuran administrativamente como “territorios no incorporados”, los cuales, a pesar de estar bajo soberanía estadounidense, no forman parte de su territorio nacional (no son estados de su gobierno federal). Estos, por un lado, tienen gobierno propio y, por otro, sus ciudadanos no tienen ni la nacionalidad del país norteamericano ni derecho a participar en sus elecciones. Tales son los casos de Guam, Samoa Americana, y las Islas Marianas del Norte (estas últimas con estatus de “Estado Libre Asociado”, con un régimen similar al de Puerto Rico).

Otros territorios no incorporados estadounidenses en Oceanía son islas de menor tamaño y población (denominadas como “Islas Ultramarinas Menores”), aunque de prioridad vital para su posicionamiento estratégico y militar. Estos son las islas de Midway, Wake, Jarvis, Baker, Howland, el Arrecife Kingman y el Atolón Johnston.

Visión geoestratégica general de Oceanía

Oceanía es una región geográfica fundamental por varios motivos. En primer lugar, ha cobrado gran relevancia internacional por la abundancia y diversidad de recursos naturales. Australia destaca como uno de los principales exportadores globales de carbón, hierro, cobre, oro, bauxita y uranio, así como de gas natural y petróleo. Esto hace que sea una pieza clave para las industrias de China e India. Por otro lado, tanto Australia como Nueva Zelanda son grandes exportadores de productos agrícolas y ganaderos a nivel internacional. Además, los Estados ubicados en Melanesia y Polinesia cuentan con importantes recursos forestales y suelos para la agricultura. Por ejemplo, Papúa Nueva Guinea tiene grandes selvas tropicales y recursos madereros y mineros.

Estos y otros recursos son importados y exportados a través de las rutas transpacíficas que atraviesan Oceanía. Muchas rutas marítimas cruzan esta región conectando Asia (principalmente China, Japón y Corea) con la costa oeste de América. Estados Unidos, China y Japón, entre otros, dependen en gran medida de estas rutas comerciales para importar y exportar productos energéticos, recursos naturales y otros relacionados con la industria manufacturera.

No obstante, la importancia de Oceanía va más allá de sus recursos y el comercio internacional. El nivel de dispersión de islas y atolones permite el control de amplias zonas del océano Pacífico, formando corredores estratégicos militares y de vigilancia. Esto tiene un peso crítico en el marco de la rivalidad por el control del Indo-Pacifico entre Estados Unidos y China, donde la posesión de cualquier masa terrestre (hasta de una pequeña isla o atolón) es un factor vital para el control de la zona. Además, los posicionamientos de aquellos territorios políticamente independientes en favor de los intereses chinos o norteamericanos también son determinantes.

En lo referente a la presencia militar estadounidense en Oceanía, esta es amplia y estratégica. La isla de Guam es el enclave militar de referencia para Washington en el Pacífico occidental, albergando la base aérea Andersen, una base naval y otras instalaciones. En Hawái se encuentra el archiconocido puerto de Pearl Harbor, desde donde se coordina la Flota del Pacífico de la Armada estadounidense (United States Pacific Fleet o USPACFLT por sus siglas en inglés). En las Marianas del Norte y Samoa Americana también hay bases, aunque de un tamaño menor y con labores principalmente logísticas.

Aparte de estas bases, Estados Unidos está construyendo una nueva en los Estados Federados de Micronesia, y mantiene unos acuerdos militares y de cooperación con Papúa Nueva Guinea, y de libre asociación con Palaos y las Islas Marshall, autorizando estos últimos la presencia y uso militar de infraestructuras por parte de Washington cuando sea requerido. A todo esto, se deben destacar las alianzas tradicionales en materia de seguridad que mantiene tanto con Nueva Zelanda como con Australia, encontrándose esta última junto con los norteamericanos y los británicos dentro de la coalición AUKUS, desde donde se fomenta una mayor cooperación regional en materia de seguridad frente a los avances chinos.

China no posee bases militares permanentes propias en Oceanía, aunque sí está logrando diversos acuerdos de seguridad e incrementando su presencia militar y policial en varios Estados insulares durante los últimos años. La estrategia de Pekín en Oceanía es diferente, llevando a cabo pactos de cooperación con una presencia aparentemente más flexible.

En abril de 2022 China firmó un acuerdo de seguridad regional con las Islas Salomón, permitiendo el envío de policía, fuerzas armadas y visitas de buques chinos a petición del gobierno insular. China también suscribió acuerdos de seguridad y cooperación con las Islas Cook en febrero de 2025, lo cual ha despertado la preocupación en Australia y Nueva Zelanda por el acceso del ejército chino a potenciales infraestructuras logísticas o escalas navales. A su vez, China mantiene acuerdos de cooperación en materia policial y de seguridad con Vanuatu, Kiribati, Samoa, Tonga y Micronesia, aunque estos no han trascendido al ámbito militar. Es cierto que han existido negociaciones con Vanuatu y Kiribati para infraestructuras de “doble uso” (militar y civil). Sin embargo, estas tampoco han mostrado indicios de implicaciones militares hasta el momento.

Considerando todos estos casos, se puede observar que hay Estados en Oceanía que se muestren un alineamiento más o menos favorable a una de las dos potencias globales, pero hay que clarificar que la mayoría de ellos persiguen relaciones meramente pragmáticas y basan su alineamiento dependiendo de sus respectivos intereses. Por ejemplo, tanto Samoa como Fiyi han firmado acuerdos de cooperación económica con China, basados en el apoyo al desarrollo tecnológico, comercial, y de infraestructuras. No obstante, ambos muestran su respaldo a Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda en materia de seguridad. Y por mucho que Vanuatu y Kiribati tengan acuerdos de cooperación policial con Pekín, aún mantienen sus vínculos tradicionales con Washington y Canberra.

Conclusión

Oceanía es sin duda otro escenario crítico para las dinámicas geopolíticas en el Indo-Pacífico y en la rivalidad por el dominio global entre Estados Unidos y China. Aunque estos últimos han invertido y firmado acuerdos, la mayoría de los Estados insulares siguen considerando a Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos como socios principales en materia de cooperación en seguridad, economía y desarrollo. Sin embargo, la creciente competencia geopolítica está creando oportunidades y desafíos para estos países, que tienden a mantener una política de equilibrio para maximizar el apoyo y los beneficios económicos.

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